14 octubre, 2010

34


Introducción

Con gran alegría, tras las últimas buenas noticias acontecidas, es que nace esta historia, con mucho cariño y respeto, haciendo posible el milagro de un encuentro inesperado, pero tan grandioso a su vez, como es, la vida.

34

La máquina de afeitar sonaba discreta entre las profundidades de un crujiente roquerío. La luz artificial y un espejo desgastado y manchado señalaban el momento de la liberación. Con nerviosismo impaciente y lleno de ansiedad, retocaba su mentón, afinando y puliendo su rostro lavado, sumido en sus últimos pensamientos ante su pronta salida. Escuchaba a lo lejos el ruido constante de un motor a setecientos metros de altura, que era opacado por la distancia y el estrepitoso despliegue funcional de los cables de seguridad que jalaban su único transporte disponible.

Estaba acostumbrado a la soledad, al silencio, al calor, a la dureza del terreno, al constante crujir de las rocas, que ya en su último momento, se permitió saboreó un instante más, aquella situación que le llenaría de fama, sin pretenderlo. Ya nada sería igual, saldría, a la luz pública en breves minutos, sin embargo no estaba preparado para ver el mundo con otros ojos que no fuesen los de un trabajador esmerado y sacrificado.

Cuando terminó, tocó su rostro para revisar una vez más su trabajo, momento en el cual detuvo su mano por algunos segundos, dejando su vista perdida en la nada. Recorrió todo lo que fue su vida en cuestión de segundos, un último vistazo a cada detalle, a cada momento de su historia, de su existencia, de su aventura. No dijo nada, hasta que uno de sus compañeros palmoteó su hombro diciendo: - Despierta hombre, es tu turno.

Con cierta ansiedad contenida por su riguroso entrenamiento, siguió el protocolo al pie de la letra. Se adentró en el carro que lo llevaría a la luz en una noche cálida y fría a la vez, provisto de sus anteojos oscuros, correas de seguridad y bien puesto su casco. Era un trayecto breve, de apenas unos cuantos minutos, pero toda una odisea, donde no habría mas espacio que el estrecho despliegue de sus pensamientos.

Mientras el carro subía, miró hacia arriba, sólo vio la oscuridad de un túnel estrecho, interminable, progresivamente curvo, como un tubo delineado con la precisión milimétrica, de los rasguños azotados en sus paredes, dando un fiel testimonio de fortaleza y perseverancia. Luego su vista se clavó en las paredes cercanas que iban bajando como líneas abstractas de múltiples formas y colores, cruzó entonces sus manos y esperó paciente que lo subieran. El olor irrespirable era apenas sostenible por cualquiera no acostumbrado a tales inclemencias, asfixiante, desesperante, para cualquier mortal no adaptado a vivir entre las rocas y la tierra húmeda.

Pero su deseo de libertad era más persuasivo. Pensaba en muchas cosas, y recordaba otras, detalles que él solamente tendría para los suyos, para sus amigos. Sabía que la pesadilla quedaría a tras, más no contaba con un último pasajero que le seguiría sin más.

Entre las sombras de sus recuerdos, estaba aquel rostro, el propio, el de sus compañeros, más un otro, que estuvo siempre presente, observando, tranquilo y sereno.

Ninguno sabía quién era, suponía que sólo el le había visto, puesto que nadie comentaba el tema, pero a ciencia cierta, cada uno se daba cuenta de que todos le presintieron. Seguramente, algún interludio farandulero les induciría a comentar en el exterior aquella experiencia, como si fuese una anécdota curiosa derivada de la intensa situación vivida, tan real como ellos mismos, pero que no obstante, son detalles que se reservarían.

El lugar ya vacío, sólo era acompañado de las luces que permanecían encendidas, a la vez que una cámara de video grababa cada minuto transcurrido los detalles de cada salida. Con el tiempo, la cámara captó cierto movimiento, ya cuando el lugar estaba totalmente vacío, casi del todo imperceptible. Era un último, que se quedó percibiendo la algarabía a lo lejos, desvaneciéndose entre las rocas por un camino distinto, un camino sin precedentes, más allá de la tecnología. Una presencia de la cual sólo quedaría el registro difuso y tenue, en las imágenes, en los sueños, y en el recuerdo eterno de aquellos 33 que fueron 34 un día.


Pd. Lo crean o no, este es sólo un relato, es un cuento, es ficción, es fantasía, pero cabe mencionar que en un milagro tan maravilloso, siempre hay algo más...


Con el tiempo, algún día, lo sabrán.

Estaremos pendientes...


12 octubre, 2010

Síntoma

Miro al cielo y escudriño aquellas figuras circulares de nubes blancas que anuncian nuevos tiempos, o por lo menos intentos. El “destino” inserto en la incertidumbre de qué será mejor. El síndrome del padre ausente se acentuará por la distancia, por la responsabilidad, por nuevas y supuestas mejores expectativas. Valdrá la pena, si ya conozco el resultado de la soledad en que se deja a los seres queridos. No sé que es mejor, una cosa por otra, nada es gratis en esta vida. Porqué es así, porqué debe ser así, todo se mueve inevitablemente en cierta dirección, buscada o no, arraigado en las mentes de quienes aún recuerdo.

Tiempo, tiempo, tiempo, maldito tiempo que se escurre como vertiente entre los dedos, como quisiera detenerlo a veces, para contemplar el minuto eterno de aquella flor tenue y delicada que envuelve mis sentidos. Como se puede caminar descalzo, si todo parece tan frágil, como las hojas quebradizas que resecas abundan bajo la banca de mi suelo. Qué debo hacer para que todo resulte bien, si cada uno sin más, sólo cree su propio cuento.

Los cirrus apuntan el camino, más no se que es mejor, cuanto más tiempo quisiera yo, para aquello. Mi tiempo, un tiempo y el de ellos, un pensamiento que se fuga lejos como un sueño, como el de ayer, cuando vi las olas con mi hermana, y hoy veo sólo cemento. Luego me atrapa la rutina de siempre, volviendo de ese sueño, despierto bajo un cielo nublado que moja las calles de mis pasos que luego circundan al viento.

No siempre las cosas son como se quisiera, pero a veces pueden ser mejor, aún pese a lo que parezcan. Porqué conformarnos con menos, la ambición va de la mano, mientras el desplumar se hace evidente, en un viaje distinto, casi en un mismo lugar, pero con otro ritmo, con otro cielo.

Extraño, claro que extraño, así ha sido por mucho tiempo, no como otros que olvidan refugiados en una extensa pausa, sumidos en lo “suyo”, que de pronto se gatilla un despertar por otros aquellos. La ausencia de unos minutos, unos días, no se compara a la de siglos.

Somos diferentes, claro que sí, y si no fuese así no tendría gracia, es la diversidad que nos envuelve, que nos permite evolucionar y compartir de todo un poco, y de ese poco, algo bueno.

Sí, duele, mucho a veces, un síntoma que evidente se hace, cuando nos damos cuenta que no tiene principio ni fin, porque nunca empezó, y por lo tanto nunca termina, lo que en una forma extraña es, intangible, como un fantasma que no se ve, pero sin embargo, siento.

Es un síntoma, es un signo, es un después, es un luego.

Miedo fecundo


Fin de semana largo, tres días consecutivos que para cualquiera significaría arrancarse a la playa, al campo, o salir de la ciudad como estampida que huye de su rutina. Otros sin embargo, prefieren la tranquilidad del hogar, todo es válido, cuando se tienen unos pocos días que valen la pena aprovechar. En mi caso, aproveché de ver a mi familia.

Por motivos casi circunstanciales, supe algo que no esperaba, porque después de tanto tiempo sin verla, estuve ahí, en aquel hogar donde nunca viví. Necesitaba una escusa liviana, que mejor, un pantalón deportivo que restauro en conjunto con la extensión de la familia, la mía que ayudó con devoción, y con atención a lo que sus palabras mencionaban en secreto.

Observé desde lejos, desde un rincón discreto, desde un poste quebrado que rompía el techo, empolvado por entero, lleno de tierra hasta los codos, pero siempre atento.

Entonces le observé, y pese a que muchas veces me dijo lo intensamente que me conocía desde niño, exteriorizó un sentimiento, uno que no tenía asidero, pero que sin embargo, estaba en su corazón inserto.

Su secreto a viva voz se ahogaba en un lamento, ninguna lágrima rodaría en la dureza de práctica mejilla, vista que de reojo me miraba de vez en vez con un dejo.

Un recuerdo martirizaba su pena, y aquel sentimiento que yo no esperaba, afloró sin freno. Entonces supe, ella me tenía miedo, sí, aquella mujer divina, aquella mujer santa, como santa es para cada hijo su madre inmaculada. Ella me temía, y pese a haber dicho enfatizadamente que me conocía como la palma de su mano, en realidad, no sabe quién soy, o mejor dicho que soy, o como reaccionaría ante su perturbador secreto.

Pero ella no sabe que yo siento, no mucho hablo, no mucho me habla, pero nos comunicamos en un mudo lenguaje de miradas imperceptibles, que encierran la verdad que tal vez ya conozco, o que tal vez no encuentro.

Ya sé que todos saben, de eso estoy seguro, más lo que sea que fuese ya pasó, sin vuelta atrás quedó lejos en un tiempo que no debió ser, pero fue sin freno.

Que pena, a fin de cuenta siempre fue así. No es un tema de confianza, no señor, es un tema de conocimiento, quién dice saber tanto de sus propios hijos, en una familia numerosa donde uno se le escapó desde muy pequeño.

Ya me dirá, tarde o temprano, las personas no soportan sus propios secretos, como si fuese una enorme cruz, incapaces de llevar a cuestas, pese a que se trate de sus propias manos, o de la de sus propios herederos.

Con el tiempo he aprendido que la gran mayoría de los humanos no sabe aceptar la verdad en pleno, y supongo que de eso se trata su gran temor, porque no sabe ni remotamente como será mi reacción ante los hechos ocurridos. Eso demuestra su desconocimiento de mi conocimiento, no sabe quién soy, sólo sabe que mi decisión suele ser radical cuando algo deja de ser correcto.

Podría filosofar eternamente sobre ¿Qué es correcto?, pero cada quién sabe su responsabilidad, y sólo entonces lo que no se debe saber quedará, postergado en el tiempo, para cuando sea el momento adecuado, aquel momento de profunda paz, que quizás sea nunca, o para cuando por fin sea razonable el entendimiento.

Por mientras, sólo observo, cada detalle que recolecto, y muy guardado quedará hasta que ya pueda ver con claridad lo que aquellos ojos claros, sean capaces de decir en su momento. No hay apuro, no hay límites de tiempo, nada puede ser tan malo, ni nada puede ser tan bueno, sólo hay momentos.

Me habrás dado el ser, pero no sabes quién soy, y es triste saberlo. Pero, no me temas, porque lo que sea, ya lo sé, por deducción, por lo que observo, armando un rompecabezas de meses que llevo, sin palabras, sin voces, donde sea que fuese, lo entiendo.

Por eso, nunca menciones un nombre, si eso puede causar un perjuicio, la palabra no es el objetivo, solo contamina, como tampoco es bueno, condenar a diestra y siniestra, como si fuese un juez, un Dios, o un Cristo. Como sea, todos tenemos virtudes y defectos, por algo cada quién guarda algo de si mismo, muy propio y muy adentro, a resguardo del mundo externo, basado en un solo principio, universal y digno, llamado, sentimiento.

06 octubre, 2010

Día propicio


Introducción

Como muchas veces he comentado anteriormente, no todo es lo que parece, pero en este caso, si puede ser. Esta historia es un sencillo nacido de una actividad tan cotidiana como común, que sin embargo, comprende un universo de extraña satisfacción.

Día propicio

El lugar era propicio, ameritaba paz y tranquilidad, hacía algo de frío, y algo de calor también. Días raros, donde no se sabe si abrigarse es necesario, o desvestirse a su vez.

Ahí estaba, cobijada entre sus manos, denotando su sana textura, su aroma característico de su naturaleza apetecible, hermosa, y apreciable en todo su contexto.

No dudó, simplemente quiso darse un gusto, minutos que pudieron ser horas, pensó, y entonces sucedió. Poco a poco le quitó su armadura, su vestimenta, despojándola paño por paño, con la paciencia desesperante de un relojero, y de quién controla su sed y el hambre que ya sentía desde temprano.

Ya en su totalidad desprovista de su envoltura, procedió a desmenuzar su manto interior de color blanco. Sin más, ya deseaba su sabor dulce y suave, ácido y tenue, que quedaría impregnado en su boca, como si fuese un regalo.

Procedió con cautela, y la abrió con cuidado, como si se tratase de una flor que se deshace entre sus manos. Entonces ya no pudo esperar más, dejó de lado su eterna paciencia, y pese a su resistencia, su control, voló uno de sus dientes de un zarpazo. Fue rápido, hábil, sin vacilación, con la precisión de un cirujano. Estaba todo dado, siguió con lo demás, casi sin dudarlo.

Sus manos se mancharon, el líquido se escurría entre la carnosidad y la tierra ennegrecida en sus poros, con la inútil resistencia ante lo ya destinado. Sació en parte su sed, bebió su dulzor, su néctar necesario, y cuando acabó, no quedó más que sólo los paños, rotos y esparcidos en una bolsa negra sin rastro.

Esperó unos minutos, respiró hondo, miró el pasar de las nubes, a montones, en orden, como un grupo de soldados presenciando lo insólito, lo inesperado. Miró alrededor, aún sentía más necesidad, y no terminaría hasta saciarlo. Entonces, miró lo que estaba más a mano, y simplemente, cogió otra, devorándola de igual manera, casi sin pensarlo. Así pasaron las horas, y por lo menos las que aún quedaban, las quiso de inmediato.

Así fué la historia, naranjas dulces y jugosas, que disfrutó gajo por gajo, con paciencia eterna, contemplando un día distinto, un día tranquilo de su inusual descanso.



03 octubre, 2010

Iteración

Introducción

Esta historia incompleta, la escribo en parte y a pedazos para no olvidar el concepto. Ya la completaré.

Iteración

Como si fuese un rompe cabeza, durante el día de hoy se presentaron ciertas situaciones que se acercaron a las respuestas, o mejor dicho a las preguntas que necesitaba descubrir. Lo sentí tan nítido, que sentí casi tangible el razonamiento requerido.

Después de un sueño tan abstracto durante la madrugada del sábado, que guardaba relación con la iteración inserta en la iteración.

Al día siguiente vi en parte una película llamada “Memento”, más tarde, dedicado a algunos artilugios tecnológicos, percibía ciertas preguntas en el aire, con un dejo de frustración. Finalmente, casi de noche quise compartir con mi hija un capítulo de Star-Trek TNG, “Cause and Effect” (Episodio 5x18, del 23 Marzo del 1992), que guarda relación con un concepto llamado “Deja Vu”.

Lo otro que no debo olvidar, es aquel concepto que señala que algo bloquea nuestras mentes para evitar que descubramos la verdad, y posiblemente un escape a nuestra existencia conocida.
Mañana olvidaré todo esto, pero escrito está, y aunque a medias, mañana he de recordar algo diferente pero similar.

01 octubre, 2010

Stop


En un asiento estaba, bajo el enclaustramiento de un quehacer cotidiano, apenas algunos minutos para meditar, suficientes como para sintonizar el radio, escuchar un tema lento suave, y relajante, seguir el compás del viento que poco a poco susurraba algo en un lenguaje inexistente pero familiar. Los párpados comenzaban a pesar y las sensaciones le tele transportaban hacia otro mundo, uno donde la libertad deseada era una simple caminata, libre y tranquila, sin calzo en los pies.

De pronto, la sutileza afloró inundando el flujo de su naturaleza, respiró hondo, y sólo se dejó llevar por la nada misma. Por algunos minutos fue nítido todo, muy tangible, hasta el punto de poder sentir un breve cosquilleo inexplicable. Entonces se dijo: - “No, no, no es posible!”.

La desconcentración era inevitable, se apoderaba de sus pensamientos. La lectura fue dejada de lado, a ratos, hasta quedar sólo el espacio vació en su visión perdida, más allá de unas hojas blancas, más allá de lo inimaginable. Definitivamente no hacía falta ver, más que sólo dejar que la influencia incontenible de sus sensaciones se apoderara a voluntad de su ser.

Trató de entender, porque siendo lo que quería, era sin ser, un mareo intenso aferrado a sus designios que alguna vez quiso mantener. Entonces se ofuscó, trató de averiguar, puso en sus manos la razón de sus escritos, y por más que procuró, el manto de una ceguera no le dejaba ver, aquel mundo lejano sin comprender.

De pronto, todo se desvaneció en cuestión de segundos, y la realidad tangible al rededor volvió de improviso con la visión de un letrero entre sus manos, que se resumió en una sola palabra…, casi como una orden, diciendo… Stop!

Entonces, se puso de pie, y constató que todo fluía de nuevo, con la normalidad de siempre, como cada día, sabiendo que de vez en cuando, algo le permitiría detener el tiempo por algunos minutos, y disfrutar de la seductora paz de un influjo poco cotidiano.

30 septiembre, 2010

Pantalla

Sujetaba su pantalla mientras leía con atención, el pudor ruborizaba sus mejillas, mientras una extraña sensación recorría su espalda. La sola idea presencial presagiaba una inquietante lectura de su propia actividad. Miró su mano derecha y constató el hecho soltando la pantalla con incertidumbre y extrañeza.

Mientras leía, buscaba en el siguiente texto la profética experiencia que se acunaba en sus pequeños gestos, en sus acciones, en su distracción y en las veces que miraba a su rededor y hacia tras de sí. No, no, nadie alrededor, no hay trucos, ni fantasmas, ni cámaras ocultas, es solo el propio pensamiento que fluye en ajenas palabras.

Mientras leía esto, su entre ceja se contraía levemente, abriendo luego sus ojos al instante que seguía. Uno de sus dedos, repasaba algo del texto, y con incredulidad una leve sonrisa se acentuaba en las líneas que recorría.

Su lectura era rápida, fluida, se entorpecía a momentos con la meditación simple y directa de lo que leía, no obstante, nada de lo estaba frente era real, y sí lo era.

Escudriñando entre líneas, así se encontró un día, como hoy, de tarde oscura, cuando ya el sol casi no alumbra, tan sólo un instante, para mirarse un momento, en el espejo de su extraña compañía.

Clip

Eran las 14:36 PM, un día cualquiera, percibía los pasos tranquilos de unos brazos entrecruzados, algo rectangular y pequeño se revolvía en una de sus manos. Un rostro impaciente se inclinaba levemente hacia el frente, al parecer, queriendo contar adoquines perfectamente ubicados, como recogiendo los motivos de una existencia. Eran pensamientos, puros e intensos arrojados al viento, con un retorno incierto de un futuro incompleto.

De pronto, la vibración se mecía bajo su mano, con sobresalto miró frunciendo su ceño en forma discreta. Sólo dos letras bastaron para confirmar que no importa lo que se diga, en esta vida, todo está conectado. Pero el mundo sigue su curso, y todo marcha sobre ruedas, las de otros, las de muchos, las de algunos pocos que interrumpen sin darse cuenta.

Bueno, ya no pude ver más, el clip entre mis dedos, revoloteaba con la imaginación de sólo querer estar conversando, una taza y un plato.

29 septiembre, 2010

Aferración de Madre

Sujetaba mi mano con fuerza, como si toda su existencia dependiera de ello, era muy joven, también muy senil, también con mucha inmadurez, también infantil, era niño, era hombre, y también mujer, distintos rostros eran, y en todos los casos, la sensación era la misma.
Miraba en todos ellos, sus ojos la luz destellante de su existencia, como se manifestaba en un solo gesto que describe una vida completa, asimilándola en fracciones de segundos, alegría y dolor, risa y llanto, historias simples y complejas, pendientes y encendidas, en el abismo de una existencia ya vivida, aferrada y prendida.

Pensar que aún no veo a mi madre, quizás vuelva a ver ese mismo rostro una vez más, ahora reflejado en ella, en su rostro blanco, en sus ojos claros, confirmando una vez más esa misma experiencia.

Que más quisiera yo, si con sólo tocar pudiese sanar ahora, pero es un sueño, una ilusión que se diluye en los acontecimientos, en lo ya pasado, como el ahora mismo, como el después, o el lejano paraíso que siempre soñamos sin huellas.

Sí, novedades tendré, no hay duda de ello, solo puedo deducir lo obvio, y sólo sentir lo que percibo. Es cosa rara esta vida, con sus distintas caras, con sus distintas enredaderas. Por eso, a veces es mejor no saber, o quizás si un poco, mientras lo demás se configura en un sin fin de alternativas, y nuevas preguntas.
Somos libres porque pensamos que lo somos, más no logramos ver la libertad de otros, hasta poder tocar en plenitud su escencia.
Pero una cosa si es segura, que a donde tú vayas, todos vamos, con o sin paciencia.


27 septiembre, 2010

LLamado

Era Viernes, y es raro, una de las cosas más insólitas sucedió el reciente fin de semana, algo que no esperaba. Sonó el teléfono, al otro lado, una voz de mujer llamándome. Una tos se escuchaba bajo una voz carraspera. Le saludé con tranquilidad, y conversamos al menos unos 15 minutos, ningún tema específico, sólo generalidades, tal vez disfrazando un lenguaje encriptado.

Me quedé pensando en ello todo el fin de semana, le había dicho que iría a visitarle el fin de semana, y en definitiva, por ABC motivo no fui.

Tal vez iré hoy, no lo sé, pero lo cierto es que veré a una persona que no necesita conversar conmigo, sino, observar. Creo que tiene ciertas preguntas, que obviamente no hará, pero su curiosidad es mayor, a si como su necesidad. Seguramente estaré apenas unos cuantos minutos, lo suficiente como para saber…

Así es, mientras otra tos más grave se escuchaba de fondo. Sé cual es la pregunta, más no sé si sea bueno responder o si tengo la respuesta adecuada a quién me dio el ser.