03 enero, 2013

El día de los Zancos Blancos


Es curioso como pasan los días, y ya quedan sólo 361 días para que se acabe este año 2023. Después de muchos enunciados y predicciones en estos últimos 10 años, he llegado a visualizar aquel horizonte lleno de luz, que me negaba a creer. Definitivamente era importante tener fe, y atreverse a ir un poco más allá de los esquemas preestablecidos.

El asiento es cómodo, el ventanal grande, una hermosa vista del horizonte, y una brisa tranquila y refrescante. Un mate me acompaña, y dialogo como siempre. A veces, las aprensiones nos persiguen como sabuesos, sin importar donde estemos, ahí están.

Se respira paz, hay cosas concluidas, decisiones que ya fueron bien encausadas tal y como corresponden, en el camino correcto. Algunos ya se fueron y otros ya se sostienen a si mismos. Es el precio de la fama, es la recompensa del esfuerzo.

Muchas preguntas fueron contestadas, y otras nuevas ya son distintas. Las manos se entrelazan, y se re descubre la esencia de las almas.

Todo está bien, hay quietud, hay paz, y el sonido de la melodía cambia, ahora por fin con mejor entendimiento, más calma, más paciencia, y más canto.

No quiero dormir, no quiero perder ni un instante. Aún puedo ser, y aún quiero ver aquel instante, donde los más pequeños pueden correr y jugar libremente en este gran espacio.

Debo tener fe, aunque lógico no es, pero si necesario. Así es hoy, 2023, de un día 4, no sé de qué mes, dónde si puedo ver, y donde aún puedo caminar con mis delgados zancos blancos.


01 enero, 2013

Quantic Dream Cortos: Kara ( Desarrollado en Ps3) HD Sub en Español


Este es un hermoso video, que considero, representa el sentir de muchos, que por supuesto, se han dado cuenta de como funciona esta gran fábrica llamada "vida", así como de muchas otras sub fábicas  más. Espero que les guste.

31 diciembre, 2012

Colectividad


Una de las cosas curiosas que ha llamado mi atención después de tanto tiempo de convivir con los humanos, es su espíritu de colectividad emotiva. Es extrañamente perceptible en el ambiente, al punto de influir en el ritmo y funcionamiento en cada parte orgánica de este envase que ellos denominan, cuerpo.

Es año nuevo, y para ellos es como si fuese un nuevo renacer en donde las emociones y los buenos deseos se manifiestan al fervor de un abrazo cerca de las 12 de la noche.

Muchos actos pirotécnicos otorgan el glamour necesario conjuntamente con la música, los bailes, los encuentros, supersticiones, creencias, y la frenética aceleración de querer estar con mucha gente o en un ambiente especial.

En los años que llevo aquí en este envase, he podido apreciar sus emociones, algo que no he percibido de igual manera en otras especies de otros planetas. Es posible el creador, como le llaman, o como así creen, procuró establecer un diseño evolutivo que siempre estuviese motivado por estas sensaciones.

De cualquier forma, he aprendido a convivir con ellos, y obviamente disfruto cada  momento compartido, y hasta que no vuelvan por mí, seguiré observando esta extraña forma de vida que me ha sido asignada.

Lo único que puedo decir por ahora, es que ya falta poco, y prontamente descubrirán el verdadero potencial de sus cualidades verdaderas, vedadas por  motivos de conservación y resguardo de la especie.

Es posible que no alcance a ver estos últimos cambios, y que mi misión concluya antes,  ya que estos envases tienen ciertos límites de fabricación y como consecuencia expiran.

Lo cierto, es que mientras existan estas emociones, existirá un después, y mientras exista un después, habrá esperanza.

Feliz Año.


21 diciembre, 2012

Último día


20:48 PM, era un día 21 de Diciembre, extremadamente calmo, algo tibio, tras una agobiante y larga jornada de trabajo, en la que Max, solía dejar para reflexionar y meditar sobre cosas hechas y cosas por venir.

Sería un fin de semana muy especial para muchos, obviamente no para el, que solía enajenarse un poco de los rituales comerciales y sociales, propios de un fin de año.

Miró por la ventana por última vez, y sólo vio vehículos detenidos a la distancia. El edificio estaba totalmente vacío, y presuroso guardó sus cosas, cerró su boliche, y  se encaminó hacia el ascensor. Marcó el piso 1, estaba en el piso 33, y aguardó con  paciencia el lento descenso.

Mientras bajaba, a los pocos segundos, las luces comenzaron a parpadear, hasta que finalmente se apagaron por completo. Quedó detenido a medio piso. El fastidio lo envolvió, no había mucho por hacer, más que sólo esperar que se activaran los sistemas de emergencia y que alguien le rescatara.

Rodeado de espejos, se sintió como dentro de un caleidoscopio, rodeado de reflejos  progresivos de si mismo. Buscó ideas simples, y prontamente sacó de su bolsillo su celular, el cual para variar, estaba sin señal. La sólida construcción del edificio más el hermetismo del ascensor cortaban toda comunicación.

Pasaron así varios minutos, y nadie venía por él, pese al ruido que producía el botón de emergencia. No era precisamente la mejor forma de pasar un fin de semana, y menos perdiendo el tiempo de esa manera.

Los pocos focos de luz, se iban apagando en la medía que transcurrían los minutos, y prontamente se quedaría a oscuras.

La impaciencia comenzaba a hacer efecto en su sensible temperamento,  y grito por ayuda algunos instantes. Luego, guardó silencio y agudizó su oído, tratando de verificar algún indicio de movimiento en el sector. El silencio era abrumador.

Repentinamente, un estruendo hizo que las luces volvieran a parpadear, provocando a su vez,  que el ascensor se precipitará 10 pisos más abajo.

Fue un duro golpe cuando frenó de improviso,  que dejó a Max tumbado en el piso, semi inconsciente.

Tras unos minutos, Max se incorporó, quedando sentado en el piso con una fuerte contusión en la cabeza. Estaba mareado, su vista algo borrosa, pero pudo constatar que las puertas del ascensor estaban entre abiertas, apenas unos escasos centímetros.

Se aproximó a las puertas mecánicas y con cierto esfuerzo las pudo abrir, logrando pasar estrechamente entre ellas. El edificio estaba ladeado hacia el costado derecho unos 21º, lo que dificultaba un poco caminar por los pasillos.

Se dirigió hacia la escalera de emergencia, intentó bajar un par de pisos, pero había profundas grietas, que no podía ignorar. Necesitaba saber que sucedía y se acercó a mirar por una ventanilla. El sol estaba bajo, pero contrariamente al edificio, el lugar estaba plenamente iluminado rebozante de un color amarillo anaranjado intenso.

Algo intenso había sucedido, no cabía duda de ello. Nada funcionaba, ningún aparato electrónico, ni luces, ni semáforos, ni vehículos.

Entonces, miró hacia el horizonte, y la luz que vio, no era del sol.

Cuando por fin se dio cuenta de lo que era, su cuerpo se desvaneció.

Sintió su cuerpo liviano, lleno de luz, mientras unas manos le guiaban por un túnel sin fin.

La sensación increíble de suavidad y libertad, sólo fue interrumpida cuando una de esas manos presionó con fuerza su rostro, en una seguidilla de pequeños golpes.

-          Ya vuelve en sí. –Dijeron.

Despertó de su trance, estaba tirado en el piso, y sólo atinó a preguntar….

-          ¿Qué fecha es hoy?

-          ¿Que dices?… Está alucinando.

-          ¿Qué día es hoy? - Replicó.

Un silencio se produjo entonces, y todos se quedaron mirando…

-          Hoy…, hoy es 22.


27 octubre, 2012

Kim Hyun Joong - Please

Una de las cosas más maravillosas de esta vida, es la música y la danza, que trascienden más allá de las distancias o el idioma. En esta oportunidad, quise compartir este hermoso tema ("Please"), cantado en español, por el gran Kim Hyun Joong.

12 octubre, 2012

Ciudad de las Flores


Día 1: La incertidumbre

Entre tanta indiferencia y rostros tan inundados de preocupación, propio de las sociedades impulsadas por el vertiginoso ritmo de los quehaceres y las responsabilidades, surge la idea de hacer una sana locura. Viajar, tan simple como eso, viajar y poder ver el mar, después de tantos años, en un mundo donde todo parece tan distinto, en un mundo inundado de brisa fresca, en un mundo donde los conceptos de las prioridades suelen ser más dóciles, en donde por fin podré respirar aquel aroma de paz, tan necesario, que se desprende de una imaginación tan real como la realidad misma, llamada “La Ciudad de las Flores”.

Día 2: El recinto

Día 3: …



28 septiembre, 2012

La Casita de Rhó


Es curioso, pero con todas estas situaciones de fallos cada vez más frecuentes en los dispositivos tecnológicos, resulta indescriptible un que un mundo tan dependiente de ello, pueda sobrevivir a la carencia de esas comodidades.

Era el caso de la casita de Rhó,  un humilde lugar, alejado de las afueras de ciudad, libre de contaminación, del ruido, rodeada de los últimos árboles frondosos existentes en el planeta. Lugar declarado “Santuario Natural Mundial”, en el cual sólo Rhó estaba autorizado a permanecer y trabajar.

El lugar estaba totalmente incomunicado del mundo exterior, plenamente cercado por grandes y empinados muros de muy difícil acceso. Por años Rhó permaneció fiel en su labor de investigador, logrando conocer y comprender cada rincón del lugar, donde la necesidad tecnológica era inexistente, ya que para su subsistencia, la misma naturaleza le proveía lo necesario.

Gran parte de su trabajo consistía en la preservación y desarrollo de nuevas formas de alimentos, que fuesen de fácil transporte, conservación, aporte nutricional y que a su vez ocupasen un mínimo de espacio.

El mundo había llegado a un número casi inmanejable de habitantes, lo que derivó en medidas extremas para mejorar el problema del hacinamiento. Muchos habitantes decidieron por firmar ciertos contratos de   “Encapsulamiento”, donde sus cuerpos podían hibernar largas temporadas, logrando así un considerable ahorro de energía y una drástica disminución en la generación de desperdicio y basura.

Un tercio de la población mundial trabajaba arduamente en la conservación y cuidados de las cápsulas, y algunos se turnaban para asumir el mismo tratamiento que los demás.

Pasaron así los años, y pese a la prohibición de las natalidades, la población mundial no disminuía, ni si quiera con la incorporación de las directivas de “Eutanasia”, decretada para aquellos casos en estados terminales.

Rhó muchas veces observaba desde su balcón, como el colorido de una ciudad era amainada por los débiles intentos de controlar lo incontrolable, la masa. Pensaba para sí, en todo el espacio que tenía disponible, pero a su vez, sabía lo destructivo que sería poblar aquel último santuario. Su deber era cuidar y proteger, para que muchos pudiesen sobrevivir. Pero un día, reflexionó sobre el significado de la conservación, y el por qué los humanos suelen retener con tanto ahínco, algo que en definitiva permanecerá almacenado por siglos. Era obvio que los sentimientos producen apegos, y estas necesidades eran propias en cada ser vivo, por lo menos en ese planeta.

Bajó entonces de la montaña, y se dirigió con decisión hacia el gran muro, hasta encontrarse frente a frente con el inmenso y reforzado portón, único acceso al lugar. Contrariando su deber, activo los códigos de seguridad y este se abrió lentamente.

Ante él, pudo apreciar detalles que nunca había visto desde la lejanía en que estaba. Se había acostumbrado tanto a su soledad, que con los años, su pensamiento y sus recuerdos de la ciudad que conocía, permanecieron intactos, quedando atónito ante una realidad totalmente diferente.

Recogió su vehículo y recorrió la ciudad de extremo a extremo, sintiendo un escalofrío inimaginable en cada desolado kilómetro.

El movimiento que se apreciaba desde lejos, era simplemente la automatización de una civilización que se había diezmado en un inútil intento por sobrevivir.

Llegó así prontamente la noche, y no tuvo más que volver a su base. En su mente, estaba la idea fija de cuál era el sentido de tanto esfuerzo y trabajo realizado por tantos años, ¿Había sido en vano?...

El gran portón entre abierto estaba nuevamente ante él, detuvo un instante su vehículo, y miró unos segundos por el retrovisor, recordó sus tubos de ensayo, y luego de eso, observó un letrero electrónico de grandes letras en la entrada, que decía...


“Total habitantes: 1”,
“Ubicación: La Casita de Rhó”.


Recordó lo bueno, sintió alivio, y entonces… sonrió.


27 septiembre, 2012

Hoy


Una brisa inquieta empañaba sus lentes, mientras la humedad de la garuga se esparcía suavemente sobre su rostro alzado. Respiraba profundamente aquel aire fresco, tan lleno de naturaleza y libertad que la amplitud de sus recuerdos parecían acoger un sentimiento enajenado y a su vez cercano, haciendo que el frío fuese ser algo secundario.

En su ceguera, extendía sus manos como tratando de tocar el abismo de su propia nebulosa. Los sonetos caían así en sus pensamientos mezclándose entre números y sensaciones, que por algunos segundos, le pareció inquietantes.

Reclinó su cabeza y la movió de lado a lado, como queriendo despabilar de un sueño imaginario. El frío primaveral tenía algo de calidez, añoranza, y un dejo de melancolía. Podía ver, no como los demás, pero si era capaz de ir más allá de los sentidos cotidianos.

Buscó entre sus cosas, revisó y sacó algunos papeles, anotaciones, cuentas varias y cosas propias de un quehacer diario, en un día como cualquier otro, quizás, o tal vez, un día como hoy.

22 septiembre, 2012

Observamos

Había trasnochado, una vez más, como siempre, como a veces, porque así es el tiempo de mezquino, que parece desvanecerse ante la necesidad de un momento, un todo, o un rato.

El sol naciente de la mañana siguiente, que es hoy, apareció de improviso. Prontamente se hicieron breves preparativos, un desayuno suave, y dispuestos a estar donde se quiere estar, sin saber, sin planificar, y lo mejor, sin siquiera esperar nada a cambio.

Una larga caminata fue, entre ajedrez, nados, y cantos, desplazándonos por verdes y hermosos parajes, recorridos más de una vez, buscando conocimientos, al compás de una suave voz que siempre estará a su lado. Era caminar en par, como cuando se camina en soledad buscando las palabras precisas, no dichas, en la brisa que endulza sus labios.

Breve fue, valioso es, y por supuesto, grato. Al fin y al cabo, lo más importante de cada momento en esta vida, radica  en tener la capacidad de guardar aquel pedacito de felicidad, que nos brinda un  espacio, único, de paz que de vez en cuando, observamos.



06 septiembre, 2012

Reflejos


Como de costumbre, se encaminaba en dirección a su trabajo. Cuando llegó al imponente edificio. Se dirigió hacia el ascensor, era muy temprano aún y no había nadie. Marcó como siempre el piso 301, y esperó paciente con sus audífonos en sus oídos, mientras escuchaba música a la vez que las puertas se cerraban y el mecanismo se activaba.

Ea algo estrecho y siempre le colocaba nervioso. Generalmente procuraba mantenerse  sumido y concentrado en sólo en su música.

Miró su dispositivo de audio, el cual indicaba en forma parpadeante “batería baja”. A los pocos segundos la música dejó de escucharse y sólo quedó el ruido quebradizo y crujiente del mecanismo, que dado su antigüedad, para colmo, subía lentamente.

Asumió con resignación lo largo que le parecería su viaje ahora. Se armó de paciencia,  y levantando su cabeza con ligera timidez, y observó aquel reducido lugar de cinco paredes, que estaba lleno de espejos, perfectamente alineados.

Se preguntó si habría algún motivo lógico para construir un ascensor así, y por qué aún estaba en funcionamiento con tan antiguo y primitivo sistema de cableado, en una época dónde las “Barras Electromagnéticas” eran lo más comúnmente utilizadas como instrumentos de suspensión y energía.

Ahí estaba, sólo, observándose a si mismo, en distintos ángulos y un número infinito de veces replicado por el reflejo, en una falsa profundidad. Era como estar en el interior de un caleidoscopio gigante, con una luz que se perdía en la distancia.

Era extraña aquella sensación, algo difusa, e incomprensible, como si se estuviese observándose a si mismo, y a su vez, el mismo reflejo le estuviese observando.

Faltaba apenas un piso que le pareció una eternidad, y los reflejos no dejaban de mirarle, con lo que prontamente la desesperación se fue apoderando de sus sentidos.

Apenas abrió la puerta del ascensor en el piso 301, vio ante sí, un largo pasillo, oscuro, apenas iluminados por la tenuidad de los focos adheridos al techo. Avanzó apenas unos cortos pasos para salir del ascensor, y justo antes de lograr salir, fue jalado con fuerza desde su chaqueta hacia el interior. Tropezó con el borde de la entrada, y calló de espalda al piso, y sólo pudo ver la perplejidad de su rostro reflejada en el espejo superior.

Las puertas se cerraban prontamente por lo que instintivamente tuvo que encuclillar sus piernas con rapidez, ante el eminente apretón. Entonces, ahí quedó, dentro del ascensor, sentado en el piso, siendo observado una vez más por si mismo.

Su chaqueta estaba rota. El motivo, fue simplemente porque se había atascado en la puerta, - se trató de tranquilizar a si mismo, era lo más lógico. Nunca se había sentido tan sólo en aquel lugar, ni tan desposeído.

Era muy temprano, y todo parecía tan distinto, los mismos espejos a los cuales nunca había prestado atención, producto de la cantidad de personas que generalmente subían  con el, y más el no tener su música, le hizo pensar en que nunca estuvo realmente acompañado, y nunca estuvo realmente sólo.

No era un sueño, era real, una de esas realidades que suceden ocasionalmente, cuando por primera vez logras poner atención en la carencia por sobre la plenitud, al momento en que encuentras aquella realidad que siempre prefieres evitar, o negar, que gira en torno a tu propio movimiento al compás de simples reflejos.