11 junio, 2010

Polución



Introducción

Hace un par de días, estaba en la incertidumbre de salir a almorzar, o no, cosa típica, día nublado, aire muy contaminado, entonces decidí ir a un negocio cercano a comprar unos pancitos, y aproveché el tiempo para usar la imaginación y escribir esta historia…

Historia

Era medio día, la ciudad estaba bajo un manto viscoso, denso, y espeso, en un clima extremadamente nublado y frío. El exceso de polución era irrespirable, y las partículas en suspensión llegaban a los límites extremos de la tolerancia humana. No obstante, el hambre motivaba la salida de los más avezados, que dejaban por un rato sus labores en la fábrica, y salían en busca del preciado alimento.

Renegaba de salir, sabía que llegaría cubierto por una delgada masa viscosa, propia de la atrofiada atmósfera, pero tenía que hacerlo. En su mente, sólo cabía el hermoso recuerdo de un día anterior, donde por milagro, la luz del sol asentó la paz que tanto deseaba. Ver su rostro tranquilo y sereno era algo que le reconfortaba, aunque fuese por breves minutos.

Existían mascarillas y pasamontañas, que se habían hecho de uso obligatorio y necesario, con diferentes tipos de filtro, que aunque diminutos y perfeccionados, incomodaban la visión, porque cubrían el rostro en demasía. Los pocos que se atrevían a salir, lo hacían con sus trajes especiales, desarrollados en laboratorios especiales a base de hilos plomados. Además, unos nuevos productos de cremas humectantes especiales para la piel, evitaban la corrosión y desintegración celular de los tejidos, dando a todos un aspecto perpetuamente jovial. Calvos eran todos los transeúntes, hombres, mujeres, y niños, producto de los agentes bioquímicos del ambiente y los rayos ultravioleta, que habían menoscabado la salud de por lo menos la mitad de la población mundial.

La fábrica donde se encontraba Jonás, era totalmente presurizada, estaba provista de duchas vaporizadotas, acorde con la antigua tecnología heredada del siglo 24, donde la mayoría de los aparatos funcionaba esencialmente a base de paneles solares, que producto del ambiente atmosférico, dejaron de funcionar, siendo reacondicionados con piezas y partes mecánicas basadas esencialmente en el principio del movimiento continúo, que era activado por imanes.

Una vez afuera, Jonás se desplazó rápidamente por las calles, viendo a su paso, como los apurados transeúntes, deambulaban casi corriendo para no sufrir los embates de una sobre exposición innecesaria al fatídico ambiente. Acudió al negocio más cercanos que pudo, donde expendían comida envasada y deshidratada, disponible para ser tratada por los típicos micro configuradores de partículas, muy usado por su rapidez y eficiencia.

Entró a un local, pidió dos panecillos, que al segundo después se arrepintió y llevó cuatro, una sonrisa cortés, se despidió imperceptiblemente y se devolvió otra vez a sus labores. El tiempo era su principal verdugo, y definitivamente su gran pena. Era algo que por muchos logros que tuviera, o riquezas, no podría comprar, ni volver atrás.

Cuando entró, de vuelta en la fábrica, estaban encendidas las alarmas silenciosas de advertencia en color amarillo que parpadeaban intermitentes en los pasillos. Avanzó unos pasos, y entró como era costumbre, en el purificador. Una vez que su atuendo fue desintoxicado, la cámara se abrió, todo funcionaba normalmente, salvo algunas luces.

Una de las paredes denotaba una gran mancha ennegrecida y viscosa. Al parecer, una filtración se escapaba por una pequeña grieta, lo cual explicaría la ausencia del personal en esa zona.

Continuó con precaución, evitando tocar las paredes, hasta llegar a un pasillo que se encontraba en penumbra, con una luz destellante en su extremo opuesto. Caminó lo más sereno que pudo, y cuando entró, encontró todo desordenado y destrozado. Algunas chispas se escapaban del cableado expuesto, mientras que la mancha se hacía más intensa.

Examinó el lugar con total mesura y precaución, revisó la bitácora, pero estaba demasiado dañada, y mostraba información errática e incomprensible. Algo grande había sucedido, en tan solo los breves minutos que estuvo fuera. Mientras examinaba el lugar, sin querer se apoyo en una de las largas mesas metálicas del laboratorio, ante lo cual quitó su mano con refleja rapidez. El líquido era frío, y goteaba lentamente sobre la mesa. Entonces se desplazó hacia una luz cercana, y se limpió con obsesionado cuidado, casi con desesperación.

Se preocupó, y se dirigió hacia el vaporizador, devuelta por el pasillo. Mientras lo hacía, la estructura de la edificación comenzó a crujir con fuerza desmedida que apenas provocando un sismo que apenas permitía el equilibrio. Entró rápidamente en la sala donde se guardaban los trajes especiales, y con apuro logró salir, mientras todas las paredes se iban cubriendo aleatoriamente por aquella mancha viscosa y oscura, la misma que recordó, estaba en su mano bajo su guante.

Desde afuera, se podía apreciar que el edificio poco a poco se iba desintegrando, transformándose en polución, que se iba entremezclando con la densa atmósfera, comenzando a desmoronarse desde la cima hasta sus cimientos. La gente atónita, no podía creer de lo que eran testigos, y procuraban mantenerse ocultos a una distancia aparentemente prudente.

Finalmente, el edificio sucumbió por completo tras el, en una devastación total, sin dejar mayor rastro que una nube negra en el cielo en forma de tornado.

Cuando Jonás se reincorporó, se levantó del suelo y volteó hacia la gente cercana que presenciaba aquel fenómeno. Todos reaccionaron aterrados, y rehuyeron de él, como si fuese un enfermo contagioso. Jonás revisó meticulosamente sus sellos sin detectar nada extraño. Al no entender, se dirigió con temerosos pasos hacia una de las vitrinas más cercanas, se miró en el reflejo de uno de los vidrios y pudo constatar por si mismo, el motivo.

Hacia el interior del traje, apenas se visualizaba su rostro, ennegrecido, con las mismas manchas características del edificio. Asustado, retiró inmediatamente uno de los sellos de su guante derecho, observó su mano, totalmente cubierta por la negrura que le envolvía. Se quedó inmóvil, y a los pocos segundos, pudo constatar como los dedos se desvanecían irremediablemente, volviéndose polvo que iba siendo esparcido por la fuerte brisa circulante. Luego volteó nuevamente a la vitrina y en el reflejo pudo apreciar como las ramificaciones de aquella mancha le iban cubriendo por completo su rostro. Se deshacía su cuerpo como arena que se iba escapando inconteniblemente a través de su brazo derecho. No sentía dolor alguno, sólo sentía que su cuerpo se hacía cada vez más liviano.

Cuando la ventisca bajó su intensidad, la gente se calmó un poco, y algunos valientes, se acercaron a Jonás, que se encontraba inmóvil aún frente a la vitrina. Al acercarse, con extrema precaución le hablaron a unos pasos de distancia, pero Jonás no respondió. Carecía de una de sus extremidades, entonces se acercaron aún más hasta que uno de los más avezados que le conocía, logró tocarlo, y le preguntó: - ¿Estás bien?

No hubo respuesta alguna, y al leve contacto, simplemente se desplomó en el piso. Todos pensaron lo peor, y trataron de reanimarle, pero en la medida que le sujetaban, el traje cedía como si no tuviese contenido. Miraron en su interior, percatándose que el traje estaba completamente vacío. Asustados dieron un paso atrás, y sólo miraron perplejos hacia el cielo.

El polvillo esparcido como ceniza, circulaba por los aires, ascendiendo cada vez más y más. Desde cielo, Jonás podía percibir los pensamientos de la muchedumbre, como si fuesen voces, todas al unísono, pero comprensibles. Se sintió aliviado, y como un ave deambuló por sobre las cabezas de los que le observaban curiosos.

Comprendió entonces, que su nueva forma, era un fenómeno evolutivo en respuesta a las condicionantes irregulares de la atmósfera. Su mente ahora parecía despejada, y cogía con aceptación su nueva condición, así como muchos otros, mas tenues que el, que también deambulaban cerca de donde se encontraba.

Ni hambre, ni frío, ni calor, sin sentimientos que le acongojara su existencia, sin miedos, sin límites, con gran entendimiento, lleno de razón, por fin libre, como el viento, siguiendo los misteriosos senderos de una extraña polución.

08 junio, 2010

Paz Interior

Proximamente...

P4R


Introducción:

Generalmente la rutina del diario vivir nos envuelve, pero los días por muy parecidos que parezcan, son diferentes. Siempre hay una variante, y el hoy no se escapa a esta regla universal. Un partido de ajedrez, quizás sea esa variante.

Relato:

Muchas personas se juntaban a una mesa, en común acuerdo a una partida de ajedrez. Cada uno llevaba su mejor estrategia, eran dueños de un estiló único, distinto, y de gran destreza. No se trataba exactamente de un juego, sino de compartir experiencias y conocer el estado del otro. En el fondo, un partido amistoso.

Muchas ideas preestablecidas y temores surgían horas antes de la reunión, al punto de doler el estómago. El nerviosismo antes del torneo era natural, daba cuenta de que sería un momento tenso, o al menos así siempre es en un comienzo.

Llegado el minuto, los participantes se sentaron a la mesa, se miraron y luego al tablero, la partida comenzaba tímidamente. Ganar o perder, no era el objetivo, porque lo que se pretendía en realidad, era obtener un mayor conocimiento para lograr así, una armonía necesaria.

El reloj marcaba los minutos que rápido trascurrían, un movimiento a la vez, y cierta timidez que siempre acompañaba, daría el gran inicio, P4R, y que todo salga bien.

07 junio, 2010

Abandono

Era fin de semana, domingo, totalmente solo, en casa, tiempo que generalmente ocupo para crear, pero que en demasía se hace eterno. El silencio fue abrumador, y de improviso decidí visitar a mis padres, cosa que generalmente procuro, cada vez que puedo.

Eran cerca de las 17:00 hrs. cuando llegué a la casa, no había nadie, todo cerrado, la casa estaba oscura y fría, aún más silenciosa que la mía, y como nunca tuve una sensación de abandono, que me hizo recordar mi infancia.

Por el único motivo que a veces busco soledad, es para meditar y curar. Por el único motivo que busco meditar y curar, es para que mi juicio no se nuble con lo circunstancial. Pero ciertamente los sobrinos crecen, y los padres envejecen, los hermanos se empecinan en sus propios asuntos, y cada uno en su mundo. Todo fue demasiado notorio en ese momento, y muy intenso. Entonces me sentí aferrado a mis recuerdos, y con pena confirmé que se hacía realidad lo que alguna vez visualicé hace tantos años, una familia disgregada a razón del cause natural del transcurso del tiempo.

Algo había cambiado, aquellos felices tiempos en que jugábamos loto en familia, más de 25 en la casa, todos entusiastas risueños en la mesa, unos padres vigorosos, los sobrinos chicos aún jugando y revoloteando por todas partes, los hermanos con sus familias compartiendo, en fin.

A fin de cuentas, todos somos entes independientes, almas solitarias con un mundo propio. Un día escribiré sobre este tema de los universos individuales, por mientras, comparto una película que me conmueve mucho: “What Dreams May Come” (con Robin Williams).

Tal vez la vida se cosecha de a cuerdo con lo que cada uno va sembrando, obvio, pero este mundo abstracto entre el cielo y la tierra, tal vez tenga un punto paralelo, que va más allá de las vivencias, y más allá de los sueños.

Quizás, alguna vez soñé con una familia numerosa, alegre, unida, y feliz, quizás, lo que ahora veo, sea sólo otro momento, pasajero, como muchos, que quedan grabados en la mente por siempre, para recordarnos que las cosas son solo cosas, y que las emociones y los sentimientos son nuestro eterno complemento.

Recorrí lentamente la casa, cada habitación, observando cada rincón sin tocar nada. Después de un rato, escribí una nota en una hoja amarillenta de cuaderno de matemáticas, diciendo “Te quiero mucho mamá”, y me retiré, en silencio.

05 junio, 2010

Un poco de sano humor musical

Bueno,bueno, bueno..., siempre hay un momento para cada cosa, y un poco de humor nos alivia en nuestro diario vivir. Soy así y que jué..., y en mi infinita búsqueda, me encuentro con el arte, el ingenio, y el talento de cosas maravillosas que nos hacen reír. Estos dos vídeos me han puesto de muy buen ánimo, y es un gusto compartirlos. Ahí van...




04 junio, 2010

Círculos

Introducción

No importa el lugar, la imaginación nos acompaña en cada momento, ya sea de noche muy tarde, o desde la madrugada, siendo un verdadero alivio el poder escribir sobre ello. Esta historia la había escrito hace un par de días, nació producto de unos círculos que oscilaban sobre una mesa metálica de color plateado, que observé mientras tomaba un rico helado en aquellos momentos de soledad que busco ya sea para descansar o para despejarme de la saturación diaria de andar corriendo contra el tiempo.

Es algo que a veces nos parece inmóvil pero que sin embargo no lo es. ¿O sí?


Historia

Los círculos plateados de la mesa irradiaban un efecto de profundidad que sólo era observado por quién buscaba la tranquilidad de un helado a plena lluvia. El reflejo frente a él indicaba claramente que el paso del tiempo había hecho bien su ineludible trabajo. Pese a ello, aún se sentía vital, y lleno de energía.

Miró de reojo a su rededor, el lugar estaba prácticamente vacío, y por fin pudo estar lejos del bullicio tormentoso de la ciudad. Sus manos blancas y parcialmente arrugadas le hacían pensar, mientras la música sonaba en sus oídos con cierta suavidad. Estaba tranquilo, aunque sabía que sería por breves minutos. El trabajo y las responsabilidades siempre le sumían en una constante y vertiginosa carrera que jamás se detendría.

De pronto lo recordó. Escudriño dentro de uno de sus bolsillos hasta lograr encontrar una pieza con forma de cilindro, de aspecto sólido y brilloso. Con mucho temor y duda lo puso sobre la mesa, y después de varios minutos observándolo, acercó su mano y lo giró como un trompo. Mientras giraba, todo a su rededor se volvía cada vez más y más lento. El movimiento circular del cilindro se hacía perpetuo, produciendo un efecto apenas visible, como una especie de aureola con destellos multicolores.

Por algunos minutos su vista se mantuvo clavada en el hermoso girar del cilindro, mientras los colores circulares de la mesa metálica parecían cambiar de aspecto. Sintió paz, y se relajó por completo, ya nada le apuraba porque el día se había detenido.

Se tomó las cosas con calma, se sirvió su helado con toda tranquilidad, sin apuro, descansó sobre el hecho de que por un instante, el tiempo ya no existía.

Después de un buen rato, el cilindro dejó de girar, hasta el punto de quedar inmóvil sobre la mesa, sólo necesitaría girarlo una vez más y todo volvería a su normalidad, cosa que ya sabía.

Se vio tentado a disfrutar de aquel día, y se dio un gusto impensable. Se paró de la mesa con sumo cuidado, y al ver que nadie se movía, salió del local con cierta precaución.

Recorrió la ciudad, visitó el parque, los museos, los centros comerciales, los cerros, las calles. Todo, absolutamente se encontraba inmóvil, incluso las aves, y los insectos que parecían suspendidos en el aire. Lo único incómodo, era sentir la polución entre otras minúsculas partículas que rozaban su rostro y sus manos descubiertas, que se habrían paso a su caminar, volviendo luego a su posición original.

Algunas de las cosas interesantes que más le llamaban la atención, eran esos pequeños y delgadísimos destellos de luz, que se entrelazaban como si fuesen un gran telar. Seguramente siempre existieron, por diversos temas, electrones circulantes, ondas de radio, o flujos de energía. Toda la ciudad estaba cubierto por esa luz, fina y tenue trazada, con diversas formas y espesores, seudo oblicuos que rebotaban en las sólidas paredes, mientras que en otras estructuras menos resistentes, simplemente las atravesaban. En los seres vivos, aquella luz se distorsionaba envolviendo los cuerpos como si fuesen capullos totalmente transparentes. Podía tocar esos hilos, y cambiarlos levemente de posición, algo que le distrajo como cabro chico en un jardín lleno de juguetes, así como el resto de las cosas que indudablemente eran indetectables en una velocidad normal.

En la calle, las gotas de agua que desprendían de algunas regaderas cercanas, parecían cristales esféricos brillosos de distintas formas, y cuando los tocaba explotaban entre sus dedos, esparciéndose en una forma viscosa y desforme, volviendo inmediatamente a su estado original, una vez que las dejaba.

Procuraba ser cuidadoso, puesto que temía que cada cosa que hiciera, a su paso sufriera cambios irreversibles, que podrían cambiar inadecuadamente la condición natural de los elementos existentes, independiente a que en apariencia todo volvía a su estado original.
Para asegurarse, hizo una prueba con una hoja de árbol suspendida en el aire, sobre la cual pasó su dedo, rompiéndola al instante, como si fuese una figura de sal. No obstante, una vez que su mano era retirada, los pequeños trozos de la hoja volvía a unirse, quedando en la misma posición original en que se encontraba en un inicio, como si nada.

Podía hacer muchísimas cosas, experimentar y descubrir este mundo nuevo, por sus propios medios, aprendiendo lo que nunca encontraría como respuestas en libros. Estaba fascinado, los mismos lugares que siempre había recorrido cientos de veces, pero ahora eran tan distintos.

Se sintió liberado, rió con ganas, soltando una carcajada que se hizo visible en una cuadra, removiendo parcialmente las estructuras. Viendo este fenómeno, y observando que el desplazamiento ocurrido volvía a su centro, sintió que ya no había nada de qué preocuparse, y jubiloso se puso a correr por las calles, dejando una estela de distorsión momentánea tras de sí.

Mientras corría, a unos pocos metros, sin querer, pasó a llevar el brazo de un transeúnte casi sin notarlo. Cuando paró, miró hacia atrás y vio a lo lejos, el brazo mutilado del mismo. Eso le preocupó, y volvió al instante. Cuando se acercó lo suficiente, pudo ver que se trataba de un brazo cercenado, así como la ropa rasgada y envuelta en un color rojizo intenso. Esto le impactó sobremanera, dejándole consternado.

Miró con paciencia, y se tranquilizó cuando pudo constatar como poco a poco, todo volvía a su ubicación inicial, hasta el punto de la normalización. Suspiró con alivio, y continuó su marcha, esta vez, más calmado.

Probó con otros cuerpos, tanto estructuras rígidas inertes y vivas, obteniendo el mismo resultado. Se sintió de momento extraño, algo ajeno, pero más aliviado. Nada de lo que hiciera, produciría daño. Ya nada le detendría.

Camino un buen rato por la ciudad, y quiso entrar a un cine. Lo hizo sin contratiempos, hasta que llegó al ingreso a la sala, donde unas gruesas puertas se encontraban cerradas ante el, sin poder moverlas. Cogía la manivela con cuidado, pero esta sólo se deshacía entre sus dedos. Pensó un rato, acercando su mano derecha a sus labios, mordiendo suavemente la piel de su dedo índice. La respuesta era simple. Se armó de valor, y avanzó hacía la puerta hasta quedar incrustado en ella y finalmente atravesarla. La sensación fue rara, porque su cuerpo parecía fusionarse con los objetos que se habrían paso ante él. Esto le distrajo, y probó con los muros, los cuales también cedían a su paso, destruyéndose viscosamente y reconstruyéndose tras de él.

Finalmente en la sala, de luz tenue, pudo constatar que la película inmóvil proyectada triangularmente desde un segundo piso parecía rebotar en las cabezas de los cineastas, como salpicaduras oblicuas siguiendo el contorno.

Sintió curiosidad, y subió al segundo piso, hasta donde se encontraba el proyector, solo para ubicar su mano frente a la lumbre, que curiosamente no hacía sombra en el telón. Era como si la luz continuara su camino incondicionalmente. Esto le llamó sumamente la atención. Pensó un rato tratando de entender lo que esto significaba, y bajó rápidamente. Salió del cine y pudo constatar lo que imaginaba. Su cuerpo no proyectaba sombra alguna. Entonces sintió aún más curiosidad y se dirigió hacia un espejo, comprobando con asombro que su reflejo ya no era visible. Entonces volvió al local.

En el local, al rato, una joven se aceraba a la arrinconada mesita, con unos vasos en una bandeja que portaba entre sus delicadas manos. Un anciano se encontraba ahí sentado, con su mirada fija en los círculos de la mesa e inmóvil. La niña soltó sin querer la bandeja que portaba y despavorida de impresión quedó ahí parada un instante, pudiendo constatar en el espejo, el reflejo inmóvil también del joven que atendía desde un inicio.

Todos los pocos presentes que se encontraban en sus respectivas mesas, voltearon a ver a la joven, tratando de adivinar lo que sucedía. Algunos más curiosos se acercaron a ver, quedando tan desconcertados como ella, con lo que apreciaban.

Pensaron en un truco publicitario, pero nada de eso era, todo parecía tan real que nadie dudó.

Sobre la mesa, aún giraba lentamente el pequeño cilindro, el cual se detuvo a los pocos segundos. Cuando finalmente se detuvo, desde el espejo se extendió una mano que poco a poco se acercó al objeto, cogiéndolo bajo el puño. La figura del joven aparecía en plenitud por sobre el espejo que se encontraba al frente de la mesa, ante la incredibilidad de los presentes.

Miró al anciano con un dejo de nostalgia, llevó su mano empuñada hacia su bolsillo y se abrió paso entre los curiosos, para luego retirarse del lugar y fundirse entre la muchedumbre.

El anciano nunca más despertó de su letargo, y rápidamente se convirtió en una masa sólida, como si fuese una estatua de roca, fusionándose con el piso, las paredes, y la mesa, siempre conectado, con su vista clavada en los círculos de la superficie de la mesa que brillaban oscilantes sin cesar.

Lo que siguió después de eso, fue un caos noticioso que al pasar los años se convirtió en recurso publicitario, donde el misticismo del lugar decantó en un próspero negocio.

De muchos lugares del mundo, era visitado el lugar, para contemplar la incrédula figura de una estatua con figura de anciano, adherida a la mesa, tan real como sus detalles y tan solitario como su propia nostálgica mirada.

03 junio, 2010

Timbre!"

Salía una mañana fría, por fin despejado después de haber dormido las suficientes horas que su cuerpo necesitaba. Amaneció despejado, liberado, bastante bien y de muy buen ánimo. Hace bien dormir de vez en cuando. En fin. Encendió el televisor, entre las cosas típicas que se suelen hacer en la mañana, y se puso a ver “La Máscara”, una buena película del año 1994, dirigida por Chuck Russell, protagonizada por el extrovertido Jim Carrey y la simpática Cameron Diaz. Algo trivial y liviano para empezar con ánimo el día. La asombrosa personalidad de aquel personaje verde, le puso de muy buen humor.

Caminando estaba bajo este día frío y nublado, más por el smog que por las nubes, con la muchedumbre como siempre, saturando ruidosamente el ambiente. Sin embargo, en la medida que avanzaba, su meditación se acentuaba, y en su mente imaginaba a quién desde temprano, leyendo estaba.

Su estómago se apretaba una vez más, pero ya conocía el síntoma, entonces procuró interpretar lo mejor posible las señales que invisibles se presentaban. Es raro, porque de alguna forma le hacía sentir que en sus pasos, otros más, a su lado estaban.

Pero la vida continúa, y de pronto un timbre suena, todo se revuelve y un nuevo día sin más, seguía.


02 junio, 2010

Chocolate

Introducción

Para estos días de frío...


Relato


A mi lado un pequeño vaso de agua me acompaña, en esta larga jornada. Pero algo me distrae. La intensa música en mis oídos me procura la concentración que necesito, sin embargo, me invade la imagen de una tasa de chocolate caliente, con un platillo diminuto de color blanco como base, sobre una mesa de liviano aspecto, en un ambiente de tenue luz, desprendida desde unos grandes ventanales de rústico aspecto.

Al frente, alguien habla y su voz parece desvanecerse como un mormullo incomprensible en la nada. Mientras, la taza era sujetada con ambas manos, procurando un calor necesario ante el frío inminente.

La poca gente cercana continuaba indiferente en sus asuntos, unos de pelo largo, y otros de lentes.

Un lápiz negro sobre la mesa, se desplazaba hacia un extremo, con suavidad, cayendo al piso, distrayendo el momento, aterrizando el pensamiento en aquello que en cada minuto, en la mente escribimos.

Un sorbo cada vez, un breve soplido, y ya cuando en la mitad estaba, la taza de chocolate era dejada sobre la mesa. Una pregunta es realizada, pero sin respuesta inmediata, porque un segundo bastaba, para quien al frente estaba, se diera cuenta, de que una pausa, sin importar lo que hiciera, inevitablemente se hace eterna.

Una pequeña cuchara, curva en su extremo, brillaba con la luz amarillenta que se encendía a medida que la otra natural, en el horizonte se perdía, armonizando el lugar que por siempre será el hogar de los gustos que preciaba y de lo sonidos que quería, de la mano de una taza de rico chocolate.

Castillos de Arena


Introducción

Esta es una experiencia que de alguna manera nos hace reflexionar sobre el significado de nuestro propio castillo interior, que deteriorado o no, está siempre con nosotros, intrínseco en lo más profundo de nuestro propio ser.

Relato

Desde las 3:00 AM un problema se acentuaba al otro lado de la ciudad, hasta que el teléfono sonó a las 7:00 AM que me despertó de improviso. Era un fin de semana, nublado, y tras lo comunicado, no mucho era lo que se podía hacer. En estricto rigor, solo llamar a la compañía de suministro de agua potable, quienes amablemente me atendieron y acudieron a la emergencia.

Terminando algunas cosas que hacer en casa, al medio día viajé, a prestar ayuda. Cuando llegué, el hedor se hacía presente, entre humedad y aguas servidas, producto de una cámara que se había rebalsado, obstruida por quién sabe qué. El lugar ya era un desastre producto del terremoto, con todos el adobe removido y los escombros, producto de los arreglos que se habían realizado. La lluvia, que además se sumaba a los desmanes, hizo que necesitara revisar la techumbre, así es que subí a ver con una improvisada escalera de madera.

Aquel día, sin embargo, fue un día precioso, el aire estaba ahí a mi merced, despejado, limpio y respirable, las montañas vestían de nubles blancas como algodón, y el cielo celeste encausaba su extraordinaria brisa sobre mi rostro.

El cielo estaba mucho más claro tras la lluvia, y me permitió ver un techo lleno de historia del cual debí remover decenas de kilos de tuberías de fierro, algunos de más de 40 kilos y casi tres metros de largo, entre rocas, un neumático de tractor, ladrillos, maceteros de cemento, y cuanta cosa extraña que se utilizó para afirmar los gruesos latones de cinc. Lo comprendía muy bien, era una época de muy pocos recursos, e improvisados conocimientos arquitectónicos, donde no existían las comodidades de la época actual, tornillos perforadores de rosca lata, la falta de taladro, entre otras muchas cosas, carencias que se hacía evidente, donde sólo ingenio, ingenuo por cierto, y mucha voluntad, hacían de la nobleza del roble un aliado ideal.

Fue titánico, no cabe duda, y la tarea no terminaba ahí, en realidad nunca termina, porque no existe un principio, ni un fin.

Es curioso, pero los roles van cambiando, me decía, recuerdo cuando antes decidían mi vida, y ahora prácticamente yo decido la de ellos.

La historia en esa casa ha sido intensa, vaya que sí, con historias aún más allá de mi nacimiento o la de mis propios padres. Mucha gente pasó por ahí, allegados, albergados, historias escritas con el esfuerzo y sacrificio extremo para lograr lo imposible con lo mínimo, pero siempre con una clara voluntad de servicio y dedicación para con los demás. De cada uno he aprendido algo bueno, y me siento agradecido.


Es tan rara la sensación que me produce esa casa, es el hecho de que cuando algo se arregla, es como si le quitara un pedazo. Mejoro algo, sí, pero al fin y al cabo, mejoro ¿qué?…

Hasta el más majestuoso de los castillos, necesita una restauración de vez en cuando. Lo que alguna vez fue nuevo, ya no lo es, y no por ello deja de ser importante. Aquellas gruesas paredes convertidas en arena, que alguna vez albergaron también los sueños de aquel niño enfermizo, pálido y solitario de sus padres, aún siguen de pie, llena de cosas, guardando en algún rincón, en el pensamiento eterno de lo que fue.

Siempre he pensado, que todo puede mejorar, y lo sostengo, aunque sea majadero, porque no sacamos nada con ser grandes, poderosos y sabios, sino somos capaces de ver en nuestro propio interior, aquel castillo que nos cobija y nos encierra en una constante obstinación.

Sé que lo sientes, al igual que yo, o como muchos otros que se niegan a creer, pero la sensación es clara y evidente, un cambio se ha producido, y el tiempo ahora parece tan distinto.

Aquel antiguo castillo se ha removido, sufriendo los embastes del tiempo, pero sin embargo, aún sigue de pié, y seguirá así, por siglos.

Cavernas?

Aunque esto no es nuevo, es un tema que puede ser interesante para ser analizado científicamente. Ya habrá un poco de tiempo para comentar.


Por mientras, les dejo algo menos trágico, y más bello...
"El Sótano de las Golondrinas"