Una de las cosas más maravillosas de esta vida, es la música y la danza, que trascienden más allá de las distancias o el idioma. En esta oportunidad, quise compartir este hermoso tema ("Please"), cantado en español, por el gran Kim Hyun Joong.
La felicidad no se busca, simplemente se lleva consigo, y se contagia.
27 octubre, 2012
12 octubre, 2012
Ciudad de las Flores
Día 1: La incertidumbre
Entre tanta indiferencia y rostros tan inundados de preocupación,
propio de las sociedades impulsadas por el vertiginoso ritmo de los quehaceres
y las responsabilidades, surge la idea de hacer una sana locura. Viajar, tan
simple como eso, viajar y poder ver el mar, después de tantos años, en un mundo
donde todo parece tan distinto, en un mundo inundado de brisa fresca, en un
mundo donde los conceptos de las prioridades suelen ser más dóciles, en donde
por fin podré respirar aquel aroma de paz, tan necesario, que se desprende de
una imaginación tan real como la realidad misma, llamada “La Ciudad de las
Flores”.
Día 2: El recinto
Día 3: …
28 septiembre, 2012
La Casita de Rhó
Es curioso, pero con todas estas situaciones de fallos cada
vez más frecuentes en los dispositivos tecnológicos, resulta indescriptible un
que un mundo tan dependiente de ello, pueda sobrevivir a la carencia de esas comodidades.
Era el caso de la casita de Rhó, un humilde lugar, alejado de las afueras de
ciudad, libre de contaminación, del ruido, rodeada de los últimos árboles
frondosos existentes en el planeta. Lugar declarado “Santuario Natural Mundial”, en el
cual sólo Rhó estaba autorizado a permanecer y trabajar.
El lugar estaba totalmente incomunicado del mundo exterior,
plenamente cercado por grandes y empinados muros de muy difícil acceso. Por
años Rhó permaneció fiel en su labor de investigador, logrando conocer y
comprender cada rincón del lugar, donde la necesidad tecnológica era inexistente, ya que para su subsistencia, la misma naturaleza le proveía lo necesario.
Gran parte de su trabajo consistía en la preservación y
desarrollo de nuevas formas de alimentos, que fuesen de fácil transporte, conservación,
aporte nutricional y que a su vez ocupasen un mínimo de espacio.
El mundo había llegado a un número casi inmanejable de
habitantes, lo que derivó en medidas extremas para mejorar el problema del
hacinamiento. Muchos habitantes decidieron por firmar ciertos contratos de “Encapsulamiento”, donde sus cuerpos podían
hibernar largas temporadas, logrando así un considerable ahorro de energía y
una drástica disminución en la generación de desperdicio y basura.
Un tercio de la población mundial trabajaba arduamente en la
conservación y cuidados de las cápsulas, y algunos se turnaban para asumir el
mismo tratamiento que los demás.
Pasaron así los años, y pese a la prohibición de las
natalidades, la población mundial no disminuía, ni si quiera con la incorporación
de las directivas de “Eutanasia”, decretada para aquellos casos en estados
terminales.
Rhó muchas veces observaba desde su balcón, como el colorido
de una ciudad era amainada por los débiles intentos de controlar lo
incontrolable, la masa. Pensaba para sí, en todo el espacio que tenía
disponible, pero a su vez, sabía lo destructivo que sería poblar aquel último
santuario. Su deber era cuidar y proteger, para que muchos pudiesen sobrevivir.
Pero un día, reflexionó sobre el significado de la conservación, y el por qué
los humanos suelen retener con tanto ahínco, algo que en definitiva permanecerá
almacenado por siglos. Era obvio que los sentimientos producen apegos, y estas
necesidades eran propias en cada ser vivo, por lo menos en ese planeta.
Bajó entonces de la montaña, y se dirigió con decisión hacia
el gran muro, hasta encontrarse frente a frente con el inmenso y reforzado
portón, único acceso al lugar. Contrariando su deber, activo los códigos de
seguridad y este se abrió lentamente.
Ante él, pudo apreciar detalles que nunca había visto desde
la lejanía en que estaba. Se había acostumbrado tanto a su soledad, que con los
años, su pensamiento y sus recuerdos de la ciudad que conocía, permanecieron
intactos, quedando atónito ante una realidad totalmente diferente.
Recogió su vehículo y recorrió la ciudad de extremo a
extremo, sintiendo un escalofrío inimaginable en cada desolado kilómetro.
El movimiento que se apreciaba desde lejos, era simplemente
la automatización de una civilización que se había diezmado en un inútil
intento por sobrevivir.
Llegó así prontamente la noche, y no tuvo más que volver a
su base. En su mente, estaba la idea fija de cuál era el sentido de tanto esfuerzo
y trabajo realizado por tantos años, ¿Había sido en vano?...
El gran portón entre abierto estaba nuevamente ante él, detuvo
un instante su vehículo, y miró unos segundos por el retrovisor, recordó sus
tubos de ensayo, y luego de eso, observó un letrero electrónico de grandes
letras en la entrada, que decía...
“Total habitantes: 1” ,
“Ubicación: La Casita de Rhó”.
Recordó lo bueno, sintió alivio, y entonces… sonrió.
27 septiembre, 2012
Hoy
Una brisa inquieta empañaba sus lentes, mientras la humedad
de la garuga se esparcía suavemente sobre su rostro alzado. Respiraba
profundamente aquel aire fresco, tan lleno de naturaleza y libertad que la
amplitud de sus recuerdos parecían acoger un sentimiento enajenado y a su vez
cercano, haciendo que el frío fuese ser algo secundario.
En su ceguera, extendía sus manos como tratando de tocar el
abismo de su propia nebulosa. Los sonetos caían así en sus pensamientos mezclándose
entre números y sensaciones, que por algunos segundos, le pareció inquietantes.
Reclinó su cabeza y la movió de lado a lado, como queriendo despabilar
de un sueño imaginario. El frío primaveral tenía algo de calidez, añoranza, y
un dejo de melancolía. Podía ver, no como los demás, pero si era capaz de ir más
allá de los sentidos cotidianos.
Buscó entre sus cosas, revisó y sacó algunos papeles, anotaciones,
cuentas varias y cosas propias de un quehacer diario, en un día como cualquier
otro, quizás, o tal vez, un día como hoy.
22 septiembre, 2012
Observamos
Había trasnochado, una vez más, como siempre, como a veces, porque
así es el tiempo de mezquino, que parece desvanecerse ante la necesidad de un
momento, un todo, o un rato.
El sol naciente de la mañana siguiente, que es hoy, apareció
de improviso. Prontamente se hicieron breves preparativos, un desayuno suave, y
dispuestos a estar donde se quiere estar, sin saber, sin planificar, y lo
mejor, sin siquiera esperar nada a cambio.
Una larga caminata fue, entre ajedrez, nados, y cantos, desplazándonos
por verdes y hermosos parajes, recorridos más de una vez, buscando conocimientos, al compás de una suave
voz que siempre estará a su lado. Era caminar en par, como cuando se camina en
soledad buscando las palabras precisas, no dichas, en la brisa que endulza sus labios.
Breve fue, valioso es, y por supuesto, grato. Al fin y al
cabo, lo más importante de cada momento en esta vida, radica en tener la capacidad de guardar aquel
pedacito de felicidad, que nos brinda un espacio, único, de paz que de vez en cuando, observamos.
06 septiembre, 2012
Reflejos
Como de costumbre, se encaminaba en dirección a su trabajo.
Cuando llegó al imponente edificio. Se dirigió hacia el ascensor, era muy temprano
aún y no había nadie. Marcó como siempre el piso 301, y esperó paciente con sus
audífonos en sus oídos, mientras escuchaba música a la vez que las puertas se
cerraban y el mecanismo se activaba.
Ea algo estrecho y siempre le colocaba nervioso. Generalmente
procuraba mantenerse sumido y
concentrado en sólo en su música.
Miró su dispositivo de audio, el cual indicaba en forma
parpadeante “batería baja”. A los pocos segundos la música dejó de escucharse y
sólo quedó el ruido quebradizo y crujiente del mecanismo, que dado su
antigüedad, para colmo, subía lentamente.
Asumió con resignación lo largo que le parecería su viaje
ahora. Se armó de paciencia, y
levantando su cabeza con ligera timidez, y observó aquel reducido lugar de
cinco paredes, que estaba lleno de espejos, perfectamente alineados.
Se preguntó si habría algún motivo lógico para construir un
ascensor así, y por qué aún estaba en funcionamiento con tan antiguo y
primitivo sistema de cableado, en una época dónde las “Barras
Electromagnéticas” eran lo más comúnmente utilizadas como instrumentos de
suspensión y energía.
Ahí estaba, sólo, observándose a si mismo, en distintos
ángulos y un número infinito de veces replicado por el reflejo, en una falsa
profundidad. Era como estar en el interior de un caleidoscopio gigante, con una
luz que se perdía en la distancia.
Era extraña aquella sensación, algo difusa, e incomprensible,
como si se estuviese observándose a si mismo, y a su vez, el mismo reflejo le
estuviese observando.
Faltaba apenas un piso que le pareció una eternidad, y los
reflejos no dejaban de mirarle, con lo que prontamente la desesperación se fue
apoderando de sus sentidos.
Apenas abrió la puerta del ascensor en el piso 301, vio ante
sí, un largo pasillo, oscuro, apenas iluminados por la tenuidad de los focos
adheridos al techo. Avanzó apenas unos cortos pasos para salir del ascensor, y
justo antes de lograr salir, fue jalado con fuerza desde su chaqueta hacia el
interior. Tropezó con el borde de la entrada, y calló de espalda al piso, y
sólo pudo ver la perplejidad de su rostro reflejada en el espejo superior.
Las puertas se cerraban prontamente por lo que instintivamente
tuvo que encuclillar sus piernas con rapidez, ante el eminente apretón. Entonces,
ahí quedó, dentro del ascensor, sentado en el piso, siendo observado una vez
más por si mismo.
Su chaqueta estaba rota. El motivo, fue simplemente porque
se había atascado en la puerta, - se trató de tranquilizar a si mismo, era lo
más lógico. Nunca se había sentido tan sólo en aquel lugar, ni tan desposeído.
Era muy temprano, y todo parecía tan distinto, los mismos
espejos a los cuales nunca había prestado atención, producto de la cantidad de
personas que generalmente subían con el,
y más el no tener su música, le hizo pensar en que nunca estuvo realmente
acompañado, y nunca estuvo realmente sólo.
No era un sueño, era real, una de esas realidades que
suceden ocasionalmente, cuando por primera vez logras poner atención en la
carencia por sobre la plenitud, al momento en que encuentras aquella realidad
que siempre prefieres evitar, o negar, que gira en torno a tu propio movimiento
al compás de simples reflejos.
29 agosto, 2012
Al límite de la realidad
Las hordas se movían en masa, acuñadas bajo la doctrina
impuesta y establecida por el sistema. Sin detenerse, avanzaban en gran número
por las calles, mientras otros grupos lo hacían bajo tierra a gran velocidad.
Desde muy temprano, hasta que el ocaso, las mentes eran
encasilladas en pensamientos colectivos asediados por el concepto “tiempo”, y
la obligación de continuar como si no tuviesen propia voluntad.
Entre ellos, John, el más insignificante de todos, detuvo su
paso, obstaculizando al resto, ocasionando un atochamiento que prontamente se
convirtió en caos. Nadie entendía nada,
nadie avanzaba, y la desesperación provocó grandes altercados en un grupo que a
su vez fue contagiando y desordenando a los otros que venían en masa más atrás.
El desbarajuste, prontamente se transformó en conflicto,
destrozos y peleas sin sentido, hasta el punto en que la asfixia sucumbió a
algunos que cayeron en el piso siendo pisoteados involuntariamente por el resto
de la masa.
John, dio un giro sobre sí, y como pudo avanzó en sentido
contrario, abriéndose paso entre la indignación
de los que le obstaculizaban sin comprender el sentido de su cambio.
Tras varios minutos de apretujes, logró salir del
conglomerado, y subió por unas escaleras, hasta llegar al nivel más alto, donde
se detuvo a contemplar el tumulto. No era lo que quería, pero estaba ahí,
tratando de encontrar una razón por la cual todo ese flujo de personas se
empecinaba en una determinación tan absurda.
Después de un rato, se observó a si mismo, y sintió una paz
interior abrumadora, tan intensa, que detuvo su respiración por unos cuantos segundos.
Prontamente empezó a ver puntos negros flotando a su rededor, mientras su vista
se iba desvaneciendo en la nada, hasta el punto en que vio un camino, uno como si
fuese un tubo cilíndrico, con una luz intensa al final.
Era una sensación de no sensación, casi agradable, parecida
a aquella que recordó, donde todo era suavemente blanco. Se sintió liviano,
nada le dolía en ese instante, y el bullicio de la gente, prontamente cesó. Sus
sentidos se enajenaron de su entorno, y todo pareció tan pequeño y simple.
Tras unos eternos segundos más, el desorden de la gente, pareció inmóvil ante sus ojos. No sabía lo que
sucedía, pero sintió que tenía una opción, un camino, un sendero diferente, del
cual no habría marcha atrás. Era la luz, o la oscuridad, más allá de su
conocimiento, su fe, de su emotividad, y más allá de su propia convicción,
donde por fin pudo encontrar una decisión, una que sólo se podría encontrar, al
límite de la “realidad”.
14 agosto, 2012
Larvas!
Caminaba con
la vista pegada al piso por las frías y húmedas calles de la ciudad, con ambas
manos en los bolsillos de una corta casaca, buscaba entre sus cables, los
audífonos que tantas veces le acompañaban con su tan apreciable música.
Se dirigía a su trabajo, a paso rápido, porque era su
costumbre, y mientras lo hacía, su mente divagaba entre sus recuerdos, sus
pensamientos y en las vicisitudes de la vida. De vez en cuando alzaba su
rostro, sólo para corroborar en la mirada de los transeúntes, una historia en
particular, aunque pincelada en forma diferente, prodigiosamente elaborada bajo
un mismo patrón colectivo, guiados como si fuesen meros vehículos de
transporte.
Podía
apreciar la emotividad a distancia, el dolor, y también la alegría, como un
halo de luz multicolor y envolvente. No era algo que podía ver, sino, algo que
se siente.
Luego, en la
inmensidad de la populosa ciudad, lo vio intensamente claro, algo que por
muchos años le pareció normal y aceptable, de pronto se volvió evidente. No
eran personas con las cuales interactuaba, sino máquinas orgánicas, conducidas
por una mente superior.
Se detuvo
un instante, miró a su rededor con mayor atención, y observó los patrones de
conducta de cada individuo. Se preguntaba el porqué sería el único conciente de
ello. Al parecer, para los demás, ni si quiera existía la remota idea de
cuestionarse algo así. Por un lado quiso creer que no se daban cuenta, porque
estaban siendo manipulados.
Pronto su
visión comenzó a nublarse, y una especie de sueño invadió su mente. Era como si
ese tipo de pensamientos estuviese prohibido, y celosamente vedado.
Lucho por
un buen rato contra aquella sensación, y se alejó prontamente del concurrido
lugar. Se dirigió rápidamente hacia un edificio. Corrió por las escaleras,
varios pisos, hasta donde pudo, y agotado, esperó el ascensor. Quería llegar a
lo más alto, en un acto casi por instinto, y se jugó por lo que consideró lo
más racional. Había sólo dos posibilidades, o lograba llegar a la cima, o
simplemente seguiría su vida al igual que los demás, enajenado de su propia
conciencia.
Presionó
los botones del ascensor con desesperación. Entró, los segundos parecían
minutos, y minutos horas. Buscaba respirar o asimilar de alguna manera
coherente lo que había descubierto, pero algo le neutralizaba su mente en ese
mismo instante con confusas ideas sin sentido.
Cuando por fin llegó a la ansiada cima, notó
que su cuerpo se hacía más y más ligero, mientras una intensa luz le rodeaba.
Todo transcurría en cuestión de segundos, mientras su cuerpo era absorbido por
la luz, perdiendo prontamente la conciencia.
Para
cuando despertó, estaba en una sala, parecida a un hospital, de color blanco,
sin muebles, y sin muros ni techumbre, todo era intensamente blanco, y extremadamente
suave. Se sentía liviano, con una sensación de libertad y paz plena, pese a que
no podía moverse.
Al poco
rato, sintió la supuración de un líquido viscoso y cálido desde su oído, que se
escurrió por detrás de su cuello. No sabía lo que era, pero luego de eso,
sintió que algo se desplazaba lentamente sobre su mejilla, con forma de capullo
que se arrastraba en un intento de llegar a su boca.
Apretó sus labios con recelo, y la
criatura cambió de dirección, directo hacia su nariz. Trató de pedir ayuda,
pero no podía hablar. Inmóvil su desesperación ante lo desconocido, le hizo
reaccionar, sacudiendo su cabeza fuertemente, quedando el bicho cerca de su ojo.
Inmediatamente comenzó a sentir
voces a su rededor, a la vez que la habitación se llenaba de seres gigantescos,
que con la misma viscosidad, le sujetaban con fuerza, inmovilizándole casi por
completo. No entendía lo que decían de principio, pero en la medida que pasaba
el tiempo, sus sentidos se intensificaban a un nivel que no era capaz de
entender.
-
Cámbialo ya!...
Fue lo
único que apenas logró entender de una de las frases que escuchaba en un
extraño dialecto, mientras su mente se despejaba cada vez más, con asombrosa
agudeza.
-
Ahora…!
Fue lo
último que logró entender hasta que su cuerpo y su mente se desvanecieron en un
profundo sueño.
Al despertar,
estaba sentado en una banca, con una suave música en sus oídos y una naranja en
su mano derecha. Desorientado, miró su reloj, y sintió el apuro de su jornada. Guardó
su fruta en un bolsillo y rápidamente se incorporó, dirigiéndose raudamente a
paso ligero hacia sus labores, sus
rutinas, y sus deberes, perdiéndose entre la multitud, siguiendo los
pasos de una vida “normal” y cotidiana.
10 agosto, 2012
El Anillo
Se dice que un anillo cabe en un dedo, y que quien
lo lleva consigo es dueño de su poco o gran valor, aunque sea por el instante
de tiempo que lo porte.
Se vive con el, o se vive en él.
...
Se vive con el, o se vive en él.
...
07 agosto, 2012
Al llegar...
He llegado a casa, un hogar que no es un hogar por ser un
lugar, sino porque es un espacio de tiempo sagrado donde después de una larga
jornada, por fin se puede estar en paz, lejos de lo absurdo, de la lucha, de la
tolerancia, y el ritmo vertiginoso que impone una sociedad que no es sociedad.
Es cierto… hace mucho que no escribo, y es sólo por ese
miserable motivo… El tiempo. El tiempo que para ninguno guarda pidedad.
Muchas historias circulan por mi mente, mientras otras
divagan en la oscuridad, bajo el menoscabo de aquello que siempre nos empuja
hacia caminos, que incluso, no queremos cursar (rutina).
El día y la noche se fusionan, y todo parece como un sueño,
donde el cansancio se confunde con la ansiedad, las ganas, y toda esa energía,
pura y vivaz, que se desborda en aquel
otro mundo donde todo puede pasar (el mudo de los sueños).
Podemos ser seres tangibles, dependientes de logros, de
números, incluso de afectos, de diversas cosas o situaciones, pero también
podemos ser, pensamientos puros y libres, con mucha imaginación, sueños y
emociones, entre árboles, bancas y naranjas, que por siempre nos acompañarán.
Quizás sea sólo eso, quizás sea mucho más. Son los pequeños
espacios de tiempo, que recogemos y que cosechamos sin parar.
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