Estaba un celular abandonado, en la calle, sobre una mesa, en un escritorio, dentro de un bolso, no importa.
Aparentemente, un día desapareció y posiblemente su dueño lo buscaba, pero este nunca lo encontró, o no se percató de su desaparición. Hasta que un día, el celular lo buscó a él. Un mensaje daba pie para entender la importancia de su existencia, sin mayor intensión que ser un instrumento de comunicación, breve, discreto y prudente.
Como dice el dicho: "Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe".
Advertido y todo, el dueño al parecer nunca entendió el sentido de este dicho, y en un descuido, totalmente natural, dejó su celular a la deriva. Luego, aquel día, unas manos inadecuadas se apoderaron, y sin entender una sola palabra, leyó un mensaje, quedándose sólo con lo literal.
El mensaje contenido, era irrelevante, aunque claro y directo, porque su fin era prevenir lo que por obvio sucedería.
Así lo que para algunos es bueno, para otros es simplemente condenatorio o incluso, se convierte en instrumento de uso.
Su dueño, ya sabía de antemano, de esto, y la importancia de no abandonar nunca estos artilugios tecnológicos. Tal como un amigo se lo dijo en su oportunidad.
El tema trascendió, y una información malograda quedó almacenada en la mente del lector, quién fácilmente encegueció radicalmente su juicio, siendo condenatorio, injustamente, y menoscabó su propia inteligencia emocional.
Muchas veces, pasa, y hasta un simple gesto puede alterar el entorno que nos rodea.
Si ese gesto es de corazón, puede llegar a doler cuando unas pocas palabras, aparentemente, "duras", son mal interpretadas.
Así, aquel celular que nunca sonaba, que nunca molestaba, molestó, y sin querer se convirtió en un instrumento intruso.
Pero de todo se aprende en la vida, y por muy genios que seamos, en un sólo instante la vida puede cambiar.
En la vida, muchas veces nos enfrentamos a diversas
situaciones, que no esperamos, o que simplemente
quisiéramos olvidar. Pero si fueron importantes
alguna vez, por siempre lo serán.
Un amigo, es algo muy especial, que denota
confiabilidad, integridad, y sobre todo
discreción. Pero muchas veces confiamos en
quien no debemos, o desconfiamos de
aquellos que están ahí sin pedir nada a cambio.
La cuestión es, como saber en quién
confíar, o porqué existe esta manía que nos obliga
a confesar aquello que sin ser malo
Nos hace sentir casi culpables, aún no existiendo.
Tal vez, es el momento que se dá, el lugar, la
privacidad obtenida en un momento dado,
que nos sume en nuestra embriaguez de confianza
mutua con nuestro amigo y nos hace contar un
pedazo de la historia del más recóndito rincón de
nuestro ser.
Alguien una vez dijo, “En la confianza está el peligro”,
y en el fondo esto sólo significaba que según la
situación los seres humanos se comportan, y
muchas veces aquello tan sagrado que se es recibido,
por descuido, intencional o no, sobrio o no,
Aflora, en el momento menos oportuno. No por
maldad, sino, por irreverente descuido
e irresponsabilidad, porque una cosa es lo que se
escucha, y otra cosa es lo que se dice, por lo tanto,
lo que es sagrado y privado para unos, para otros
son cosas más triviales.
El alcohol suele ser un buen ejemplo de ello. Otro
ejemplo, quizas sea la confianza de un niño por su
madre, que al fin al cabo, por el motivo que sea,
igual lo deja. También, he visto como un hombre
recogido en una cama de hospital, alababa el nombre
e Dios en una oración junto a su familia, nunca lo olvidaré.
El era ateo por principio y naturaleza, un buen hombre,
pero pese a su propia soberbia, producto de su dolor,
fue humilde y rogó sumido en los principios religiosos
de su amada esposa. Así, luego pasó el tiempo, y aquel
dolor físico mermó, y su ateismo volvió. Aunque ya nada
más volvió a ser distinto, porque la palabra “cáncer” lo
acompañaría de vez en vez a su curiosa forma de fe. Etc.
A fin de cuentas, la confianza entregada, es solo sagrada
para quién la entrega, pero no tan así para quién la recibe,
ya que jamás podrá sentir el valor de aquello que le fue
otorgado, porque nunca será capaz de estar en el pellejo
del otro, y entender la magnitud de su alcance.
Así, se van formando los cómplices, amigos de años, pero
ligados por una complicidad mutua que se llama “VERDAD”.
La verdad que muchos buscas, la verdad pura y limpia
que en su utópica forma se va transformando en “LIBERTAD”.
Cómo quisiéramos entonces que el mundo tuviese aquella,
tan preciada, madurez emocional,
para aceptar y permitir que dicha libertad aflore en toda
su plenitud asumiendo su real significado. entonces, queda
una pregunta, hasta que punto, la “CONFIANZA”, es viable
al punto de asumir el significado de la palabra “RIESGO”, y
en definitiva lo que esto implica, que no es otra cosa, que
aquelloque llamamos “CONSECUENCIAS”.
Todo tiene un precio en la vida, y por más que no queramos,
nada es gratis.
Por otro lado, no debemos olvidar nunca que nuestro diseño
nos permite sólo un instante, un “TIEMPO”, que no es otra
cosa que coger aquello que alguna vez se presentó
como nuestra gran oportunidad, y que por falta de definición
dejamos atrás.
Contrariamente a esto, otros definen, y también deben dejar
atrás, aquella oportunidad que nunca volverá.
Con esto recuerdo una frase de una canción, que dice:
Caminante son tus huellas
El camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Pero muchas veces Dios no da aquella mágica segunda
oportunidad, para reflexionar y auto cuestionar nuestras
decisiones, que alguna vez nos dio aquel camino para andar.
Entonces, “AMISTAD”, es una gran palabra, y toma
sentido, pese a su extrema fragilidad. Es una constante
búsqueda de nuestro espíritu que nos permite salir de
la opresión de nuestras propias vivencias.
Es querer compartir aquello que viene con nosotros desde
hace siglos, y que en gratitud cedemos en una misma justa
medida.
Nada es fácil, sólo espero que estas palabras tengan la
fortaleza necesaria para que aquellos que son nuestros
seres queridos y sagrados, no se vean afectados.
Una verdad puede ocultarse, o quizás pueda omitirse,
o manipularse con astuta habilidad, pero una vez que
es entregada, queda a merced del amigo, quién
obviamente no sentirá su real intensidad. Y es en este
caso que se agrega una palabra más, que es
“RESPONSABILIDAD”, que es aquello que nos
permite tener el control, y transformar todo esto,
llamado “VIDA”, en un caos infinito, por toda una
eternidad.
Hay un último concepto que desequilibra todo estos
conceptos, y que en definitiva nos hace
“VULENRABLES”, ya que todo se mueve como
un perfecto reloj sincronizado en el tiempo, y donde
nada se tensa, ya en todo este universo es bien sabido
Era un día caluroso, pero la brisa anunciaba grandes nubarrones en la lejanía, acercándose generosamente para refrescar a aquella linda ciudad costera.
Muy cerca, en un moderno paradero, una joven de 17 años, se prestaba a bajar del bus, por primera vez en una aventura que era totalmente esperada, y desconocida a la vez. Vestía totalmente de negro, con un atuendo simple, sin mayores pretensiones que la comodidad despreocupada de querer sentirse bien, con muy poco equipaje, bajaba lentamente, sin más que la emoción de querer disfrutar plenamente de unos minutos para sí, y sentir por primera vez, su propia libertad por tantos años vedada.
Se sentó un rato en una de las bancas de la estación, respiró aquel aire, muy distinto al de las grandes ciudades urbanas. Un cigarrillo, la obligó a moverse y cambiarse de asiento, odiando por un segundo el suburbio de donde provenía. Trató de ser paciente, pero sentía ansiedad, y deseaba simplemente conocer aquel lugar de una forma diferente.
Tomó su teléfono, y recurrió a sus sueños, y tras varios intentos, pudo contentarse con su música a través de aquellos majestuosos sonidos. No pedía mucho, sólo un poco de paz.
Después de un rato, tras escuchar aquella dulce melodía, se encausó hacia la salida, caminando pausadamente, disfrutando de aquella inmensa tranquilidad. Al llegar la puerta, se detuvo unos instantes, tan sólo para meditar que su acción la hacía sentir como niña de nuevo, pero esta vez, sin las cadenas que aprisionaban su espíritu de libertad.
Pasó un buen rato, quizás minutos que le parecieron horas, sumida en sus propios pensamientos. Hasta que de pronto, un vehículo de aspecto moderno se detiene ante ella. Era mediano, con aspecto de recién comprado, levemente pequeño pero cómodo, de buen gusto. Uno de sus ventanales se abre, lentamente, y una discreta voz se escucha: - "Sube".
Ante el asombro, aquella joven trató de observar el rostro de quién le invitaba tan sigilosamente, más no tuvo temor, y pensó, que si iba a ser libre por unos pocos minutos, debía ser lo plenamente, y debía seguir el curso de una aventura no planificada. Lo que fuese, sería, y así nada más, sin cuestionamientos, sin temores, sin dudas.
Entonces, no vaciló, y se subió sin preguntar en el asiento trasero.
Unas pocas palabras de cordialidad se entrecruzaron. Quién manejaba era de aspecto alegre, simpático, muy positivo, por lo que la muchacha no tuvo dudas, y siguió sin miramientos en su total fe de que nada malo le pasaría.
Tras unos pocos minutos, el chofer de unos 22 años aproximadamente, con voz enérgica pero delicada, le ordenó cambiar de asiento, y le dijo: - Oye, no pienso ser chofer de nadie, así es que cámbiate de asiento, y vente al frente. En ese segundo el ambiente se tornó algo tenso, fue un breve tira y afloja, en donde la experiencia ganó a la inocencia, y la joven se cambió.
No había nada de malo en ello, sólo era un cambio de asiento, pero muchos pensamientos se cruzaron en la mente de aquella joven sometida a la voluntad del chofer.
Así prosiguieron su viaje, en una gratísima aventura. Aquel chofer, pese a su manso aspecto, sabía perfectamente lo que quería. No obstante, ella, muy astuta lo deducía con facilidad.
La joven miraba de vez en cuando los lugares por donde pasaban a gran velocidad, mientras el chofer le daba una cátedra turística de todo aquello que acabadamente conocía a la perfección. Su conocimiento era admirable, como su memoria para recordar tantos nombres de calles, edificios, lugares. La chica, trataba de saciar su vista, pero su vista siempre se clavaba en el conductor, y sentía que aquel inesperado viaje la llevaría directo hacia su tan ansiada libertad. Internamente, sintió regocijo, y se dejó envolver por la situación.
El conductor pronto le anunciaba: - Te llevaré a un lugar muy especial para mí, sé que te gustara. Es mi lugar favorito - decía. La joven, asintió, y se dejó llevar.
Prontamente llegaron a un hermoso lugar muy cerca del mar, próximo a un gran roquerío. El lugar era circular, amplio, sencillo, con muy buena vista, muy hermoso. El auto se detuvo ahí mismo, entonces el conductor le entregó a la chica un regalo, envuelto en un fino papel. Ella lo tomó en sus manos y sintió su gran peso. Colocó su mano derecha sobre el papel, cerró por un instante sus ojos y le dijo - Es de color blanco. Eso era lo que sentía. -Ábrelo, insistió el conductor. Y ella lo abrió, descubriendo efectivamente un segundo papel blanco que protegía un lindo tablero de marfil, lleno de piezas pequeñas que lo adornaban. Le quedó mirando con suma ternura y agradecimiento, y dijo: - Es hermoso, pero no puedo aceptarlo, porque no puedo llevarlo conmigo, más ya me has dado el más hermoso de los regalos, y eso es el hecho de permitirme estar aquí, donde siempre quise estar, en mi pedacito de paz.
La joven tocó su mano, y le miró con mucha más ternura, y le dijo al chofer: - Ahora déjame a mí entregarte mi regalo. Sin salir del automóvil, la chica le sugirió reclinar los asientos. Así fue, y el conductor accedió, mientras la chica hizo lo mismo. Ella se concentró profundamente, y movió sus manos en forma circular, mientras sus dedos parecían tocar el aire como si fuese un piano. Tanto la respiración de aquel conductor como el de ella, se fue agitando, mientras la suave brisa del viento se colaba por las ventanas.
En ese instante, ambos volaron por los cielos, sin salir del auto, encerrados en un sólo deseo incontenible, sin ningún contacto físico en lo absoluto, sin temores, sin límites, ya sin miedo.
Porque la verdadera felicidad no está en lo que tienes o en lo que hagas, sino más bien en todo aquel universo que seas capaz de sentir sin frenos.
Erase un tímido y valiente joven, capaz de enfrentar su más digno adversario, que era sí mismo. Un día quiso respirar el resplandor del mar, y se dirigió hacia la costa. Aún muy joven, pesaba que todo le era muy lejano, sin embargo su vista siempre se clavaba a lo lejos en el horizonte.
Así pasaron los años, y aquel aguerrido joven, marcado por las hueyas del destino, quizo ir más allá, y se adentro al mar. Caminó calmadamente por la orilla, y poco a poco dio rienda suelta a sus ansias de conocer que había más allá de aquel límite visible. Así, con su mirada fija en el tranquilo horizonte, se adentró paso a paso, y tanto fue que sólo su cabeza se asomaba en señal de que aún sus pies tocaban algo del suelo.
Una vez adentro, ya no querría devolverse, pero no sabía que hacer. Indeciso, empezó a volver a la orilla, sintiendo tras cada paso, que nunca se atrevería a conocer que había en aquel lejano horizonte.
De pronto, una dulce voz a la distancia, inundó sus sentidos, y le hizo voltear. Casi sin pensar se detuvo al instante para poder captar mejor aquella suave melodía. Entonces, aún más desconcertado, reflexionó sobre que era lo correcto, y justo cuando dio un paso, otra agradable voz lo seducía.
Eran voces distintas, que reflejaban mucha comprensión, y ternura. Más, venían de direcciones distintas, aunque ambas pertenecían a aquel lejano horizonte.
Aquellas voces, golpeaban su cabeza, y su voluntad se sometía por sobre su cansancio. Se sentía abrumado, dichozo, lleno. Nunca pensó que un mismo propósito significara dos caminos totalmente diferentes, aunque proveniesen de un mismo sector.
Sintió miedo, y después pasión, y sus sentidos rebozaban de una alegría desbordante, aunque confusa.
Eran dos voces y un camino... Entonces, sólo su conciencia lo salvaría, porque ya sus sentidos se perdían en el abismo creado por el sonido de las sirenas que a lo lejos le llamaban para cursar aquel horizonte.
Qué hacer, dónde ir, quedarse tal vez, era lo mejor, pero su corazón latía fuertemente en su pecho, y lo hacía sentir culpable sin tener motivo. Nada había hecho, nada debía perturbarle, pero ahí estaba, esa sensación de buscar aquella gran libertad que buscó por tantos años cuando era un niño.
Lo único que quería, era que aquellas voces nunca le dejaran de cantar, porque en el fondo, siempre fueron su confortable compañía. Nunca le dejarían, porque siempre han estado ahí, en su cabeza, en su almohada, tanto al dormir de la noche, como al despertar de cada amanecer.
Muchas veces, miró el sol, y sintió felicidad, por el sólo hecho de sentirse tan querido, y poder disfrutar de esa extraña embriaguez que le producía el sólo hecho de recordar que aquellas voces en su cabeza, las que le seguirían acompañando día tras día.
Tan similares, tan distintas, cada una con una forma de vida, pero ambas pertenecían al impetuoso océano, que sin límites le querían.
Como duele aveces, saber que estás aquí ahora, y luego más allá. No es una frontera, sino, lo que continúa tras recorrer esta gran esfera.
Dos caminos, una ruta. Lo único seguro es que aquel joven necesitaba dormir y descansar para tan esperada faena. Porque sabía que el camino sería largo, y algún día alcanzaría aquella feliz frontera.. seducido siempre, por el cantar de sus dos hermosas sirenas...
Muchas veces recordamos aquella época en que podíamos hacer cosas que ahora ya no podemos. Y como duele darse cuenta de que el tiempo pasa y no en vano. No obstante, un poco de humor no viene mal a nadie, y si de empeño se trata, por lo menos algo se intenta.
La vida es eso, seguir intentando, una y otra vez. Es como querer volver a jugar como cuando éramos niños.
Pd. Claro que con 20 menos... osea: 20 años y 20 kilos menos.
Tengo aquello que pensé nunca tendría. Impregnado en una simple bolsa, he ahí un rastro de tu presencia, que como tal sabueso he resguardado para no olvidar con la nitidez merecida, aún después pasados mucho tiempo, de aquel breve instante, donde la verdadera comunicación no requiere mayor contacto que una cálida y breve cercanía.
Es un aroma, que curiosamente he detectado a lo lejos, a veinte, cincuenta metros, o más, aunque parezca increíble, detectándote casi desde más de una cuadra quizás, con la enorme generosidad del viento.
Mi propia debilidad y fragilidad, me permite estos pequeños lujos, y por ende la sensibilidad aflora como un mecanismo natural de defensa, a forma de advertirme de aquello que peligrosamente pueda surgir, cuando a veces se tiende a perder la total mesura o el control, al punto de transformar todo en esto.
Que más quisiera en esta vida, sino perder la cordura, aunque sea, por alguna vez en mi vida, y ser tan humano como los otros, y dejarme llevar por el río, sin voluntad, sin medidas.
He vivido ya más de docientos años, tratando de entender, porqué antes de tu existencia ya existías. Viendo en el partir de otros, tu partida. Así como seguir esperando la propia mía.
Aún aquí, sigo tu aroma, y ese será mi único recuerdo en un profundo silencio lleno de melancolía, tu dolor, mi dolor, y aquel que aún queda.
No desvestiré un santo para vestir a otro, porque su desnudez sólo es cobardía.
Después de un siglo, se aprende, y cuando un problema no tiene de solución, deja de
ser un problema, ya no se combate, y se aprende a vivir con ello, con la profunda esperanza de que de algo serviría.
Tanto por hacer, y tan poco tiempo. Así pasan las horas, así pasan los días.
Ojalá me pudieras escuchar, tú que ya no estás, ojalá me pudieras entender tú que ahora te siento, ojalá me pudieras comprender tú que aún te quedarás por mucho más tiempo. Ojalá.
Pasarán quizás 10 años, y tus arrugadas manos buscaran las mías, pero la vitalidad interior jamás se rendirá hasta que llegue aquel preciado último día. Tal vez, tenga nuevamente aquella increíble oportunidad, y veremos juntos aquel horizonte, una vez más, con otros ojos, más claros, más serenos. Y las manos empuñarán la arena como si fuese un nostálgico juego de niños que van por primera vez a conocer el mar, donde la suave brisa estará, acompañándonos, y un mate dulce se compartirá, mientras muchas otras anécdotas acumuladas, se irán forjando en la mente, a la vez que una sonriza soñada, nos acompañe en un tierno abrazar.
Siempre con nosotros estarán nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, y vagarán libres como el viento, llegando a lugares tan increíbles donde nunca nadie ha llegado jamás.
Ahora comprenderás el verdadero significado de la palabra "volar". Salir de aquella casa antigua, porque
ahora ya no necesitas huir más. Es el destino, es el deseo,
o simplemente una bella ilusión. No importa ya, porque
Mi amigo árbol, aquel que siempre está. Quizás algún día no le veré o el a mí, pero mientras sea posible ahí estará. Siempre fiel a su silencio y compañía, siempre en pie cobijandome con su frescura y su sombra, sin ser mejor que otros, y sin pretenderlo. Pero ahí está.
No necesito promesas, ni tributo, ni enmiendas, ni ofrendas, es parte de mi propia libertad.
Ayer mismo eran las 21:30, busqué y busqué en su cabeza aquello que le obstaculizaba, sé que no debo intervenir, porque su hilo debe fluir hacia una nueva historia. En fin, sin conocerle, traté y traté, y un fuerte dolor en mi brazo derecho sentí. Lo único que puedo hacer, es sentir, y tratar de ver aún siendo ciego a aquello que no puedo tocar directamente. Dios, que más puedo hacer. Debió abrir brevemente sus ojos y verle ahí a su lado, casi sin que se diera cuenta. Ahora entiendo porqué no le veo, y mis manos siguen sujetando su cabeza. Todo a mi alrededor está en confuso movimiento, porque así es la ciudad, clementemente ruidosa, y destructora.
Nunca sabré si resulta o no. Más sólo sabré que siento y eso es lo único que me indica vagamente el camino.
Sé que no debe despertar, pero aún así le quieren despierto, que puedo hacer, más sólo pedir una señal que me indique que es lo correcto.
Hay mucha fe en el, por lo que denoto que el es bueno, y pese a que no acepte aquella promulgada ofrenda, la entiendo.
Es un acto de fe, que en sí me causa mucho dolor, pero que con mucha humildad respeto.
Ciertamente ya son 40, y sin conocerle intervengo, no sé si resulte, pero sólo le quiero sentir feliz.
Las partidas son así, y retener nos encausa hacia otros significados. Nuevas historias que ya he vivido.
Sólo si eso es lo correcto, si es el camino para que despierte y sea realmente feliz, lo acepto, y aunque sea mucho el dolor, me someto al abandono, que tan merecido lo tengo.
Mi Dios, ya me has visto en esto, una y otra vez, por distintos motivos, otros hilos, otros cuerpos maltratados por el tiempo. Sólo te pido, humildemente que me permitas ver el camino.
Que su ida no sea en vano, como tampoco su permanencia, tampoco lo sea.
Que más puedo hacer, tan sólo imaginar que puedo. Es un acto de fe.
Sin importar que ya no quieras saber, sabrás, porque nunca dejaré de escribir una y otra vez, porque la función siempre debe continuar.
Ayer fue especial.. y hoy nunca lo sabré. No hay peor egoismo que el propio interés.
Que difícil es darnos cuenta de lo que realmente
deseamos. Para bien o para mal, ahí estamos.
Estoy agotado, y aún siento su cabeza entre mis manos.
Cuando se conocen personas que han marcado un hito en nuestras vidas, sucede lo inhebitable, la dependencia. Esto es bueno y malo, porque la emotividad está involucrada y las personas no son como las cosas que podemos desechar sin mayor dilema.
Sucede en todo orden de situaciones, hermandad, amistad, parejas, conocidos, etc.. Las personas necesitan de personas, es parte de nuestro diseño, y muchas veces esta carencia a algunos afecta mucho más que a otros.
Como manejarlo. No hay receta, porque todo lo que somos está vinculado, o se va vinculando con otros a lo largo de la vida.
Existen vínculos y vínculos, por diversos motivos, unos más fuertes que otros, unos más cercanos y otros lamentablemente, más lejanos. Pero ahí están, jodiéndonos la pensadora, una y otra vez, desde que despertamos, hasta el anochecer, es algo que necesitamos, es algo que nos incomoda, es algo que nos gusta, es algo que odiamos y queremos a la vez. Y siempre está ahí.
Curiosamente, cuando alguien se va, el vínculo no desaparece, y en principio se vuelve más fuerte, hasta que la mano se va soltando poco a poco. Algunas veces, olvidamos, otras veces recordamos toda la vida. Todo depende de cada persona, y de cada vínculo.
Lo complejo empieza cuando el vínculo se va enriqueciendo hasta transformarse en dependencia, y es ahí donde se contrapone con el deseo de libertad, ya que muchas veces buscamos espacios para simplemente encontrar nuevos vínculos.
Entonces, la resignación viene a consolar de la mano del tiempo, las heridas que nunca dejarán de estar.
Suele ocurrir que recordamos mucho más mientras más duele, y eso es porque un momento intenso se comparte, ya sea con alegría o con profunda tristeza. Pero es un momento, o un conjunto de momentos.
Es raro, pero existen dos instancias, y que en un comienzo se perciben casi iguales. Cuando alguien se va, sin saber si regresa, o cuando alguien se va, sin regreso.
Muchas imágenes quedan marcadas en la mente, sobre todo de aquel último momento. Y cuando menos se piensa se viene una y otra vez a la cabeza.
Por eso, repito hasta el cansancio, a todo aquel que me conoce, que disfruten el momento día a día, minuto a minuto, y no se queden con recuerdos tristes. Sientan el vigor de aquellos que alguna vez compartieron el pan calentito. Porque en la balanza de la vida no tiene porqué pesar más lo malo que lo bueno, o lo triste que lo alegre.
De eso se trata ser positivo, y saber levantar la frente. Dejar que las lágrimas roden libremente, y desahoguen su angustia. Para eso es la soledad, para eso también sirve otro amigo.
Ahí y sólo ahí se van descubriendo a los verdaderos, que aunque no puedan estar sabrás que están, porque pese a cualquier cosa que allás pensado, siempre han estado.
Entonces, será una última oportunidad y tu amigo abrirá sus ojos, les mirará, avergonzado o no, sonreirá, porque ahí estarás, y un legado sin palabras quedará.
Será un pequeño gesto, pero será un pequeño gesto de verdadera..