Un día diferente, es aquel, en que por algún motivo nos detenemos un segundo, dejando por un rato lo cotidiano que impulsa nuestras frenéticas vidas, para contemplar bajo nuestros pies, el mismísimo cielo que nos cautiva, y que muchas veces, no logramos mirar.
Era un día entre nublado y despejado a la vez, tras algunos trámites cotidianos, me detuve un segundo, y miré hacia las afueras del edificio. Curiosamente vi verde, como nunca, y me pregunté... ¿Qué habrá más allá?
El día era acogedor, otras cosas más en lo que ya era una breve caminata, se convirtió en un solitario pero grato paseo.
Hacer una pausa, respirar y disfrutar de la maravilla de la naturaleza, inserto en una jungla de cemento. Que maravilla.
Y de pronto, casi como por arte de magia, una pequeña laguna, aparece bajo mis pies, donde el cielo se puede mirar.Es curioso, el lugar invitaba a descansar, pero eso era un lujo, y como salmones contra la corriente, la vida tenía que continuar. Así, entre bancas y árboles estaba, una vez más.
Subir o no subir. Subí..., solo para descubrir, porque era tan solitario aquel lugar. Penoso fué ver el desperdicio humano, oculto y al asecho, en un lugar tan bello.
Continuar o no continuar, y el reloj ya marcaba el punto límite en que la responsabilidad prima sobre los anhelos. Si no por ahora, ya será, donde los mundos se entremezclan, en un solo pensar.
Un poco más, tan sólo un poco más. Si la vida fuese eterna, cuantas maravillas podría apreciar. He estado en este mundo apenas un instante, uno que muy especialmente se ha impregnado en aquella preciada cajita, llamada "vida", "comañía" y "soledad". Así son los momentos, así y nada más. Pasajeros como el viento, entre frío y tempestad, un pequeño espacio de este universo, donde por un rato se puede estar.










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